"No es de justicia que la Historia reconozca como vencedores a quienes se impusieron por las armas al legítimo Gobierno republicano. Vencedores son quienes han conseguido hacer valer sus principios por encima de persecuciones e intentos de exterminio.
La guerra origina la pérdida inútil de vidas humanas pero es ineficaz contra la determinación de las convicciones; extermina familias enteras pero no es válida para someter las conciencias; sacrifica inocencias pero no puede destruir voluntades.
Los españoles conocemos en toda su magnitud la barbarie de la guerra, pero también entendemos como nadie el valor indeleble de los ideales. El más claro ejemplo lo acredita nuestra Guerra Civil, donde el levantamiento del ejército golpista generó una lucha desigual entre los dos bandos en que quedó dividido el país. De un lado la maquinaria militar, la disciplina castrense, la potencia destructiva de las armas. Del otro la fuerza de la razón como estímulo y el idealismo como bandera.
Como heredera de los principios y valores que defendieron mis antepasados, considero una injusticia (otra más) referirnos a quienes lucharon en el bando republicano con el apelativo de los vencidos, porque si bien es cierto que el bando republicano fue físicamente derrotado por los traidores y es verdad que sus cuerpos fueron castigados, encarcelados y liquidados, no es menos cierto que quienes impusieron por la fuerza la violencia y el terror no fueron capaces de extirpar la semilla de la libertad y la justicia social sembrada durante los años de vigencia de la República, que hoy constituyen la índole de nuestro sistema de libertades y la esencia de nuestra identidad democrática. No ganaron la guerra, pero los principios por los que perdieron su libertad y su vida sobrevivieron a las consignas totalitarias del fascismo criminal, a pesar de los infaustos intentos de eliminar cualquier rastro que pudiera recordar los ideales promulgados por la República.
Una vez acabada la confrontación entre españoles, los derrotados del bando republicano quedaron a merced de los vencedores, que instauraron la represión como política de Estado en lugar de fundamentar la paz en una reconciliación, que paradójicamente, serían los propios vencidos quienes la harían posible cuarenta años después, a expensas de renunciar a la verdad y la justicia.
Dirigentes políticos, militantes de organizaciones de izquierda, maestros, intelectuales, escritores, científicos y ciudadanos anónimos cuyo único delito consistió en mantenerse leales al Gobierno constitucional vigente, fueron objeto de la depuración política iniciada por la sanguinaria maquinaria franquista una vez “desarmado y cautivo el ejército rojo”. La injusta victoria no fue suficiente para las ansias vengadoras de los vencedores. Había que exterminar al enemigo. Aniquilar a los supervivientes de la contienda fraticida. Implantar el miedo en familiares y amigos de las víctimas. Arrancar de raíz todo vestigio de germen republicano que pudiera poner en peligro el naciente régimen del terror. Con la paz de Franco comenzó una caza de brujas sin precedentes en nuestra historia, especialmente virulenta en los primeros años, pero que se prolongó hasta los últimos días del régimen opresor. Sin embargo, ni los largos años de encierro, ni las detenciones arbitrarias, ni las indignas humillaciones, ni las torturas indiscriminadas, ni las implacables persecuciones, ni los fusilamientos en masa, ni tampoco los oscuros años de miedo, silencio y represión fueron suficientes para extinguir la llama de la libertad, custodiada desde el exilio o la clandestinidad por quienes habían combatido contra los golpistas.
En la actualidad, la mayoría de los valedores de la causa republicana ya no están entre nosotros o su edad es muy avanzada para liderar la lucha por la recuperación de la memoria histórica. Somos sus descendientes, herederos de su legado ideológico y depositarios de los principios que defendieron incluso con sus vidas, quienes debemos asumir la responsabilidad de preservar su memoria, sus vivencias y su dignidad. Tenemos de nuestro lado la convicción de la razón y la certeza de estar defendiendo una causa justa. Nuestras armas son el recuerdo y la palabra. Combatimos la amnesia colectiva y el silencio institucional de más de seis décadas. Perseguimos la reparación social, económica y moral de las víctimas de la barbarie franquista. Exigimos la localización de los cuerpos diseminados en fosas comunes por la geografía española y su identificación siempre que sea posible. Reivindicamos el derecho a pasear por nuestras calles y plazas sin toparnos con los rostros asesinos esculpidos en bronce y los nombres de los verdugos de nuestros antepasados. Nos oponemos a esa prole emergente de seudo historiadores que manipulan y divulgan versiones sesgadas de los acontecimientos previos a la Guerra Civil, justifican el alzamiento de los golpistas y minimizan la represión y las consecuencias de la dictadura. Denunciamos el indecente intento de los herederos del régimen dictatorial de equiparar a los muertos de ambos bandos. Pero ante todo luchamos para que futuras generaciones tengan la oportunidad, que a nosotros nos fue negada, de conocer la verdad de su pasado colectivo a través de los libros de texto. Deseamos que conozcan los capítulos silenciados de nuestra Historia que han sido sepultados bajo toneladas de mutismo vergonzante. Que sepan quienes se levantaron en armas contra el Gobierno surgido de la voluntad popular y quienes defendieron los valores de la democracia sobre los que hoy se asienta nuestro Estado de derecho. Es nuestra obligación procurarles la verdad y es su derecho conocerla. Se lo debemos a nuestros vencidos para arrebatar a la Historia su justa victoria.
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Premio Dardo
Nuestros Vencidos Victoriosos
Posted by : SaiZa on domingo, 7 de septiembre de 2008 | Etiquetas: Belén Meneses, Lucha, Memoria, República | 5 Comments
Los que penaron hasta morir Franco
Pero estoy muy contenta, porque Andrés Iniesta podrá asistir al Homenaje y reencontrarse con sus compañeros Fernando (MarcosAna) y Gervasio. Deseo de corazón que disfrute de ese día tan merecido y especial para él y todos sus compañeros.
Se trata de un acto "Necesario después de tantos años", con el que se va a restituir moralmente a quienes "dieron todo por la libertad sin pedir nada a cambio" pero, a la vez, una reivindicación porque "aún quedan muchas cosas por hacer", como completar el desarrollo de la Ley de la Memoria Histórica.
¡Salud, Memoria y Libertad!
ROSANA TORRES - Madrid - 13/06/2008
Los ex presos políticos y represaliados del franquismo tendrán mañana una jornada de homenaje. Eso sí, organizada por ellos mismos con colaboraciones de diversos organismos. Tres actos diferentes con los que se pretende restituir a estos hombres y mujeres lo mucho perdido durante el franquismo. Además de algunos políticos (nadie del PP), participarán a lo largo de la jornada gente de la cultura como Nuria Espert, Pedro Almodóvar, Juan Diego, Almudena Grandes, Leonor Watling, Berta Riaza, Luis García Montero, Concha Velasco, Miguel Ríos, Ana Belén, Luis Eduardo Aute, Juan José Millás, y muchos más.
El poeta Marcos Ana pasó 23 años seguidos en la cárcel por sus ideas Entre ellos hay alguien merecedor de estar en los dos lados: Marcos Ana, que acudirá como poeta y por ser el preso político español que más tiempo estuvo de manera ininterrumpida en las cárceles franquistas: 23 años. Este año ha publicado sus memorias (Decidme cómo es un árbol, editorial Umbriel), con las que emociona a sus lectores, entre ellos Pedro Almodóvar, que va a llevar al cine la vida de Fernando Macarro, verdadero nombre de este hombre, de 88 años.
Ayer Marcos Ana decía con serenidad y ternura: "No siento ningún rencor por lo que me pasó, la venganza no es un ideal político ni un fin revolucionario, la única venganza a la que aspiro es ver triunfantes los ideales por los que he luchado junto a tantos hombres y mujeres que se dejaron la vida. Ésa sería la única recompensa, lo absurdo es romper la cabeza del que me torturó".
En parecidos términos se expresó Gervasio Puerta, presidente de la Asociación de Ex-presos y Represaliados Políticos Antifranquistas, que ha promovido la jornada. "No hay rencor. Y si hubiéramos ganado no hubiera tomado represalias jamás, la represión no conduce a nada y lo que hay que hacer es defender los ideales y la verdad y conseguir que se escriba la historia tal y como fue", dice este hombre que estuvo en prisión en varias ocasiones.
El primero de los actos previstos se celebrará por la mañana en el Congreso, donde les recibirá José Bono. Luego, en una comida en el polideportivo de Rivas-Vaciamadrid (Madrid) se rendirá homenaje a los ex presos de la dictadura. Y a las 20.00, en el Palacio de Vista Alegre, se celebrará un gran acto bajo la dirección de José Carlos Plaza.
Posted by : SaiZa on viernes, 13 de junio de 2008 | Etiquetas: Homenaje, Lucha, Memoria, Presos | 1 Comments
HISTORIA DE UNA MADRE CORAJE
Rescatamos de la nebulosa del tiempo, la memoria y la leyenda la historia de Ana Faucha, una mujer que cruzó a pie España para visitar a su hijo preso en el penal de Valdenoceda, al norte de la provincia de Burgos, y que murió junto a sus grises muros sin cumplir su sueño de verle y abrazarle por última vez.
me haya perseguido en sueños, como mi propia sombra, por el laberinto de las alucinaciones, donde al cabo todo parece posible. He querido tocar y acariciar su rostro, besar sus manos, protegerla del frío del mundo, guiarla en la noche a través de los raíles helados del ferrocarril, tomarla en brazos para atravesar con ella los caminos más escarpados y pedregosos, susurrarle que no está sola, alimentar su cuerpo desnutrido, huesudo, frágil como el de un gorrioncillo.
La búsqueda ha resultado infructuosa. He recorrido largos corredores donde la memoria se confundía con la historia, donde el mito se fusionaba con la leyenda.
con alas de ceniza hacia el remoto cielo del olvido, se llamaba Ana Faucha. Vivía en algún lugar del sur de España.Y su terrible historia arranca cuando su hijo es llevado preso a la cárcel burgalesa de Valdenoceda, en el norte de la provincia, en algún momento entre los años 1936 y 1943.
Así que, angustiada, temiendo no volver a verle puesto que la muerte rondaba de cuneta en cuneta, de alcor en alcor, de penal en penal, emprendió viaje. Era pobre, por lo que no pudo pagar ni un pasaje de tercera. Durante semanas, quizás meses, esta madre totémica y arrojada recorrió el camino a pie, mendigando de pueblo en pueblo, alimentándose con lo justo, tal vez un mendrugo duro de pan, y guardando en un hatillo lo de mayor calidad -comida enlatada,
sartas de algún embutido- para entregárselo al hijo cuando se encontrara con él.
He evocado a Ana vestida de negro, nervuda como un sarmiento, oculto su cabello gris con un
pañuelo, calzada con raídas alpargatas, veinte, quizás treinta kilómetros, por caminos polvorientos, por parajes agrestes e inhóspitos. A veces, para no perderse, cubría las distancias diarias junto a los paralelos raíles del ferrocarril. ¿Ven a esa mujer andar con la cabeza gacha junto a las vías del tren, lentamente pero con inquebrantable determinación? ¿La ven atravesar
campos de trigo? ¿La ven pedir en los pueblos sin fuerzas siquiera para hablar, sin aliento apenas? ¿La vendormir recogida enun gurruño, a la intemperie, como un mendigo harapiento que esperara el alba o lamuerte? ¿La sienten tiritar de frío allí acurrucada? ¿Imaginan sus pies negros, zaheridos? Ana llegó a Valdenoceda. Exhausta.
La veo allí, quieta en el alto de la Mazorra, con nieve hasta las rodillas, contemplando el pueblo
abajo -el orgulloso torreón de los Condestables de Castilla, las adustas casitas castellanas, los álamos del río, el siniestro perfil del edificio en el que estaba encerrado su hijo-. Se pueden oír desde aquí los latidos de su alborozado corazón. ¿Se lo imaginan, después de la odisea
de esa madre coraje que, tras padecer un infierno, cree tocar el cielo? Su hijo está allí. ¿Se le haría casi tan largo el descenso del puerto como todo el viaje? ¿Le asaltarían negros pensamientos sobre la posibilidad de haber llegado demasiado tarde, de que le hubiese
sido vedada la última visión, el postrero abrazo?
Ana cruzó temblorosa el umbral de la cárcel. Tras la ventanilla del vestíbulo un funcionario fumaba. La mujer se acercó y preguntó por su hijo. El hombre consultó un fichero y le espetó que el preso que buscaba estaba aislado en una celda de castigo. ¡Cuesta tan poco sentir cómo se arrugó el corazón de la madre! Quiso saber si podía, al menos, hablar con él, aunque fuese a través de un muro; si al menos le harían llegar el paquete que traía para él. E incluso contó, ingenua, su periplo. Pero los guardianes de la cárcel se negaron nuevamente.la noche y cerraban las puertas.Todos los días esperó en vano. Llegó a gritar, como enloquecida, y a golpear los altos muros que la separaban de su hijo.Una mañana, junto a un camino cercano a los muros del penal, casi cubierto por la nieve, un vecino de Valdenoceda encontró su cuerpo yerto, quebrado por el dolor y el agotamiento. Estaba abrazada al paquete que siempre llevaba consigo y que esperaba haber hecho llegar a su hijo.
1936 y 1943. Entonces hubo miles de historias como la de Ana. Historias de madres y mujeres con hijos y esposos encerrados. Pero la de Ana es un símbolo; de alguna forma representa a las demás. La ha contado en varias ocasiones Marcos Ana, el preso que más años pasó encarcelado durante el franquismo, siempre en tono elegíaco, sin datos precisos, dejando abierta
la puerta a la leyenda.
Posted by : SaiZa on lunes, 5 de mayo de 2008 | Etiquetas: Emoción, Lucha, Sufrimiento | 4 Comments
Poemas de MarcosAna
Al parecer, la voz poética de Marcos Ana nació en 1954, durante los nueve meses que Fernando Macarro Castillo pasó incomunicado en una celda de castigo del penal de Burgos:
Muros hirsutos. Ásperas cortezas
donde el hombre se duele cada día.
Apretada oquedad de llaga y fosa.
Socavón de Castilla. Lento espanto.
Catedral invertida hacia la tumba,
bajo una piel de piedra cancerosa.
Hay un árbol, aquí, pleno, enterrado,
de corazones vivos, que semejan
tréboles rojos en la luz borrosa:
muchas hojas, sin sangre, van cayendo;
mas su raíz fosfórica florece
una bandera abierta en cada losa.
Y en esta pena oscura donde habita
mi corazón en sombras, ya tan sólo
la luz de esa bandera es asombrosa.
La poesía de Marcos Ana no era precisamente “celestial”, sino una poesía de grito y denuncia, poemas arrancados del alma, versos no sólo de pena y dolor, de angustia y sufrimiento, sino también y ante todo de ansia de luz y vida, de paz y libertad, de lucha y esperanza:
Yo no pido clemencia. Yo denuncio
al dictador cadáver que gobierna
la vida de los hombres con un hacha
y ahora quiere dejar para escarmiento
mi cabeza cortada en una pica.
Yo no pido clemencia.
Doy banderas.
Pase de mano en mano el golpeado
corazón de mi pueblo prisionero.
Versos escritos, en el silencio y la soledad de la cárcel burgalesa, con clandestina nocturnidad y alevosía, porque:
La noche es mi refugio. Siempre os hablo
cuando duermen los ojos y las llaves.
(...)
En el silencio escribo.
Al silencio le arranco sus hojas más vibrantes,
campanas que me aturden bajo el grito
de “alertas” implacables.
(…)
Escribos sin descanso
palabras verticales.
Prendo mi voz como un fuego en el monte,
y oigo sonar la sangre
del mundo
en mis umbrales.
Después, cuando amanezcan
los ojos y las llaves,
me guardaré la voz en un zapato
y aromarán las losas mi mensaje:
¡Pueblos del mundo, amigos!
¡Corazones cercanos o distantes,
llegad a mí,
poblad mis soledades!
Éste es el contexto de aquella “Universidad de Burgos”(Hace referencia al Penal de Burgos)en el que fueron surgiendo los versos también nocturnos de Marcos Ana, cuya poética parece expresar en un soneto titulado “Norma”:
Quiero que mis poemas tengan hueso
y estructura de piedras palpitantes;
verlos siempre de pie (torres errantes
de la vida y el hombre), por su peso.
Capaces de ser bala y de ser beso,
cantos de paz o puños resonantes;
azules como el rayo o verdeantes
como olivo maduro... Que su espeso
son a metal, colmena o bosque herido,
suba desde mi sangre, tensamente,
a otro labio desierto y perseguido.
¡Versos con alma y versos con simiente,
con atléticos hombros y un erguido
pueblo de corazones por su frente!
Pero, naturalmente, en las distintas ediciones entre 1959 y 1963 de su libro Te llamo desde un muro, varios poemas se refieren a la necesidad de luchar colectivamente por la amnistía, de conquistar la llave maestra que abra las rejas de las cárceles y proporcione la libertad a los presos políticos:
Aún es de sueño la llave,
y sólo aroma la puerta.
¡Amigos, buscad acero;
forjad la llave maestra
con la voz del pueblo entero!
La llave de la amnistía,
para el corazón del hombre
prisionero en la agonía.
Aún es de viento la llave,
y sólo silba en la puerta.
¡Amigos, buscad acero;
forjad la llave maestra
con la voz del pueblo entero!
La llave de la amnistía,
para el alma que florece
llanto en el revés del día.
Aún es de llanto la llave,
y se derrama en la puerta.
¡Amigos, buscad acero;
forjad la llave maestra
con la voz del pueblo entero!
La llave de la amnistía,
que de par en par nos abra
La lucha popular, los hernandianos Vientos del pueblo, constituyen la esperanza de que los presos políticos de la dictadura franquista alcancen la libertad:
¡Qué duro es morir clavados
en un muro de agonía;
(...)
¡Que salga el preso, que beba
la luz y el aire su herida;
(...)
que al salir lea en las torres
la palabra siempre viva
de su libertad grabada,
y en los árboles escrita;
que los montes, que los ríos,
que toda esta geografía
de tierra indomable sea
una pancarta extendida,
una sola voz gritando
sobre la mar: amnistía!
¡Las puertas de par en par!
¡Los presos fuera: a la vida!
¡Que les devuelvan sus alas
que las sombras asesinan!
¡Basta de cadenas, basta!
¡Que España entera lo diga!
¡Contra los muros, los “vientos
del pueblo” por la amnistía!
Y en defensa de esa lucha popular escribe una “Proclama de Abril” en donde la primavera y la memoria de la Segunda República se vinculan simbólicamente para alimentar, contra la Dictadura del Hielo, el fuego de la cálida esperanza:
En abril; cuando las flores;
al sonar la primavera;
cuando amor pinta en los ojos
sus divinas acuarelas;
cuando en la sangre las ramas
de la juventud se elevan.
¡En la primavera, amigos!
¡Es un símbolo la fecha!
Cuando todo hierve y vive,
España alzará sus fuerzas.
La Dictadura del Hielo
temblará en su gusanera,
cercada por los clarines
de cien mil rosas abiertas.
Que en abril cada palabra
hasta las piedras conmueva:
la Universidad y el campo,
la fábrica y las iglesias,
los niños y las mujeres,
la oración y la herramienta,
cada mano y cada verso
levanten la primera letra
del amor y la amnistía
contra cerrojos y puertas.
El protagonismo del Partido Comunista de España en la lucha política contra la dictadura franquista es un hecho objetivo que no puede ponerse en duda. Y, en este sentido, Marcos Ana es autor de un soneto titulado “A España en su jornada por la amnistía”:
Como un mar imponente en oleadas
suben hasta mi herida fosa oscura,
el clamor de la gente, esa hermosura
de luminosas lenguas desatadas.
Mi voz quiere ir contigo, España. Es dura
esta mudez impuesta por espadas.
Duras son las palabras sepultadas
bajo el silencio alzado en dictadura.
Mira mis manos: crujen contra el muro,
en busca de una luz, una ventana,
llagas de sombra y de dolor oscuro.
Y oye a mi corazón –roja campana-
sonar contra las piedras, ya maduro
de esperar en la pena tu mañana.
Y esta reivindicación de la amnistía genera en otro poema, titulado escuetamente “Amnistía”, un clamor cósmico, puesto que, en el contexto de la guerra fría, hasta tres “sputniks” la escriben en el cielo:
Los pájaros van grabando
por el aire esta palabra;
las olas, sobre la mar;
las aldeas en la espalda
blanca y húmeda del río;
el pastor en la montaña.
Los niños tallan sus letras
con sus pequeñas navajas,
en la corteza del pan,
en los árboles y tapias.
Hay mujeres que, en sus labios,
con triste amor la desgranan;
otras, que clavan su grito
como una bandera blanca.
Los estudiantes la esparcen
con aromas de pizarra;
en las ciudades asciende
con el humo de las fábricas;
el viento la va dejando
por la ventana y plazas,
en las veletas y torres,
prendida en las cruces altas...
Tres “sputniks” por el cielo
recogen firmas doradas
de las estrellas, y escriben
en español la palabra.
En el archivo del Comité Central del Partido Comunista de España en Madrid se conservan algunos poemas inéditos de Marcos Ana que tienen a la amnistía como tema principal. El primero se titula “Pasquines de la amnistía”:
¡Que hasta las piedras lo pidan!
Que las paredes llamándolo
amanezcan cada día.
No haya voz que no lo grite
ni mano que no lo escriba.
Que hasta el niño en sus cometas
lo pinte en rojo: ¡Amnistía!
(...)
¡Amnistía para el preso!
¡Que hasta las piedras lo pidan!
El segundo se titula “¡Basta ya! ¡Amnistía!” y se inicia con la imagen de la España de la
dictadura franquista como una inmensa cárcel:
España es una inmensa prisión
sembrada de penales y prisiones;
España es cual un solo corazón
que une en su latir a muchos corazones;
y esta unión resuelta y abnegada
es el arma potente y triunfadora
que impondrá la AMNISTÍA deseada
con su lucha viril y arrolladora.
¡Basta ya! Ha llegado el día
de que nuestra voz recorra el mundo
reclamando con ardor profundo
para nuestros presos la AMNISTÍA.
Un clamor en defensa de la amnistía que se vincula a la política de reconciliación nacional aprobada por el Partido Comunista de España:
Triste es luchar en una misma casa,
romper la mesa donde el pan se come,
vivir entre paredes, enfrentados
tercamente en el mismo territorio.
(...)
Ni un paso más, hermano:
que no pueda el ayer o sus cenizas
sus odios oponer a nuestro ENCUENTRO.
Porque ni tú ni yo apagamos la lumbre,
ni robamos el pan,
ni dejamos sin techo y sin puertas nuestra Patria.
El 5 de mayo de 1958 el Comité Central del PCE convocó la Jornada de la Reconciliación Nacional, una política de reconciliación nacional que el poeta comunista Marcos Ana expresa en algunos versos de un poema inédito, sin título:
¡Amnistía!... ¡Amnistía!... ¡Amnistía!...
es el clamor que corre
por la ancha geografía.
¿Quién negará sus vías españolas
al viento que se esparce
por la ancha paramera de Castilla?
¡Amnistía!... ¡Amnistía!...
Desde Burgos al Dueso
y San Miguel de los Reyes,
por Alcalá de Henares...
el eco se pregona,
llega a Madrid y vuela
de un salto, a Barcelona....
¡Amnistía!... ¡Amnistía!...
Las prisiones de España
alzando están sus muros
al sol de la esperanza.
¿Quién podrá, sordo o ciego,
desoír la palabra
que nos llama a ser hombres
sin rencor y sin garras?
¡Amnistía!... ¡Amnistía!...
Hay que quebrar los hierros
y romper las cadenas.
Hay que horadar los muros
y quebrantar las piedras.
Hay que sacar los Hombres
al aire y a la vida...
¡Amnistía!... ¡Amnistía!... ¡Amnistía!...
El PCE vinculaba la lucha por la amnistía a la política de reconciliación nacional. Y, en este sentido, Marcos Ana, con la autoridad moral que le confería su larga y dura prisión, constituía la voz poética más cualificada para condenar el odio, el deseo de venganza o de revancha de los republicanos vencidos, tal y como expresa otro escritor de nuestro exilio republicano y también militante comunista, José Herrera Petere, en un poema dedicado “A Marcos Ana”:
¡Oh sabio, generoso Marcos Ana!
Tomaste de través
las luces turbias
que en tu prisión entraban.
Y las transformaste
en plenos soles
estallante esplendor
calor humano
de nueva vida.
Sufriendo y sin rencor,
tú,
Marcos Ana,
tú,
durante 23 años,
construyendo
la nuestra nueva
deseada
Patria.
En aquel régimen de nacional-catolicismo la Iglesia católica gozaba de protagonismo y privilegios y por ello el antiguo creyente escribe un poema dirigido “A los católicos” impregnado de acentos autobiográficos, en el que apela a sus conciencias:
Mi madre era una santa,
un puñado de carne consumida,
arrebujada y sola en el silencio.
Que murió de rodillas –me contaron-,
crucificada sobre un leño de llanto,
con mi nombre de hijo entre sus labios,
pidiendo a Dios el fin de mis cadenas.
(Hoy hay madres que rezan todavía
-miles de corazones prosternados-
por sus hijos heridos en las sombras
y otras mujeres luchan, golpean
en las puertas de la tierra,
exigen a los hombres la muerte de los muros).
Escúchame, quien quiera que tú seas,
si es que el amor a Dios el alma te ilumina,
no puedes de este mundo así marcharte,
emprender la gran senda con las manos vacías,
llegar ante las puertas de Dios, que tu fe sueña
existen bajo el arco del eterno cobijo,
para decir: “Señor, no traigo nada,
dame un puesto al amor de tu lumbre divina:
Porque el Señor, tu Dios, contestaría:
Vete, rompe tus pies en los bermejos hielos infinitos,
apóyate en la vara nudosa de tus odios,
serás un caminante para siempre si no hallas
la palma del amor que no quisiste
tomar del árbol que plantó mi sangre.
Que puedo decir..no hay nada más que añadir, la preciosa poesía de Marcos lo expresa y lo dice todo. ¡Salud, Memoria y Libertad!
Posted by : SaiZa on domingo, 4 de mayo de 2008 | Etiquetas: amnistía, Lucha, Paz, Poesía | 1 Comments






