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    No os quedéis impasibles ante las injusticias y las mentiras. Si algo no os gusta, decidlo sin miedo. Por mucho que la gente corrupta de lo políticamente correcto parezca imponer un silencio, ¡no calléis! Pues es mucho lo que está en juego:
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    No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.No te dejes vencer por el desaliento.No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,que es casi un deber.No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.No dejes de creer que las palabras y las poesías sí pueden cambiar el mundo.Pase lo que pase nuestra esencia está intacta. Somos seres llenos de pasión.La vida es desierto y oasis.Nos derriba, nos lastima, nos enseña, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia.Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa:Tú puedes aportar una estrofa. No dejes nunca de soñar, porque en sueños es libre el hombre.No caigas en el peor de los errores: el silencio.La mayoría vive en un silencio espantoso.No te resignes. Huye."Emito mis alaridos por los techos de este mundo",dice el poeta.Valora la belleza de las cosas simples.Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas, pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.Eso transforma la vida en un infierno.Disfruta del pánico que te provoca tener la vida por delante.Vívela intensamente, sin mediocridad.Piensa que en ti está el futuro y encara la tarea con orgullo y sin miedo.Aprende de quienes puedan enseñarte.Las experiencias de quienes nos precedieron de nuestros "poetas muertos", te ayudan a caminar por la vida.La sociedad de hoy somos nosotros. Los "poetas vivos".No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas… Walt Whitman.Versión de: Leandro Wolfson

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LA HISTORIA DE LORCA SE REESCRIBE


Las conclusiones de los arqueólogos coinciden con la versión que adelantó el investigador Gabriel Pozo en un libro de reciente publicación.
ELPAÍS.com - Madrid - 18/12/2009

El informe de los arqueólogos que han excavado el Parque García Lorca de Alfacar concluye que allí nunca hubo enterramientos. Con esta afirmación, se pone en cuestión la hipótesis que han sostenido los historiadores que más han investigado el paradero de los restos del poeta granadino, Agustín Penón e Ian Gibson, y que se basa en el testimonio de Manuel Castilla, el presunto enterrador. A ambos les indicó un olivo como el lugar en el que se encontraba el poeta.

Sin embargo, el investigador Gabriel Pozo aporta en su libro Lorca, el último paseo (editorial Almed) nuevos datos que (como adelantó El PAÍS el pasado 10 de diciembre) ponen en tela de juicio la validez del presunto testigo. "Manuel Castilla señaló una fosa situada en el lugar en el que hoy [por la semana pasada] se está excavando.

Sin embargo, después confesó a otros que no estuvo allí el día del fusilamiento y que a Gibson le señaló el primer lugar que se le ocurrió", explicaba Pozo, convencido de que no se iban a encontrar los restos del poeta.

Pozo aporta también en su libro una nueva versión de lo que sucedió antes de la muerte de García Lorca. Sobre todo sobre la implicación de Ramón Ruiz Alonso, a quien se ha tenido siempre por responsable de la detención y el fusilamiento del poeta. Unos días después de la muerte de Franco huyó a Estados Unidos, pero antes explicó el porqué de su huida a su hija mayor, la actriz Emma Penella. El libro incluye el testimonio de ésta, que dejó a Pozo una carta firmada en la que da fe de la autenticidad de sus declaraciones. La actriz pidió que éstas no fueran publicadas hasta después de su muerte, ocurrida en agosto de 2007. Según Penella, Queipo de Llano ordenó que dieran un gran susto al poeta para que confesara todo lo que sabía de Fernando de los Ríos y firmara una denuncia contra él. Por tanto, la detención de Lorca habría sido el último intento de localizar a Fernando de los Ríos.

La versión oficial mantiene que fue Concha, la hermana del poeta, la que confesó que éste se escondía en casa de los Rosales, al venirse abajo en uno de los registros a la Huerta de San Vicente, residencia de los Lorca, y tratar de proteger a don Federico, su padre. Sin embargo, la versión de Ruiz Alonso en boca de Penella, es muy distinta. "El mayor de los Rosales le dijo a mi padre en un desfile de falangistas que Lorca estaba en su casa. Le comentó que no estaba de acuerdo en que estuviera invitado y que él procuraba no ir mucho porque quería que se fuera". Tras esta conversación, Ruiz Alonso informó a los jefes de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) y decidieron "darle un escarmiento al niño mimado de Fernando de los Ríos". La detención, según Penella, no se produjo en la casa de la calle de Angulo con un amplio despliegue de hombres armados: "Acudió con el mayor de los Rosales. Mi padre no sacó a Lorca de la casa de los Rosales, fue entregado por el hijo mayor y se lo llevaron al Gobierno Civil sin esposar ni nada". Después se produjo el fusilamiento, que Penella achaca a la lucha por el poder entre la CEDA y Falange. De esta última eran miembros destacados los Rosales, a los que se quiso desprestigiar con la muerte del poeta. "García Lorca no fue sino el despojo que dos perros rabiosos trataban de arrebatarse", explica Gabriel Pozo en el libro.

Al acabar la guerra, Ruiz Alonso recibió una llamada telefónica inquietante. "En el extranjero habían empezado las quejas por lo que había ocurrido con Lorca y el asunto irritó a Franco. El caudillo quiso saber lo que había pasado y llamó a mi padre". Desde entonces, nunca más se habló del tema. Se destruyeron todas las pruebas y cualquier rastro que pudiera aportar luz al asesinato de Lorca.



"Después de 14 años de lucha, tenemos que empezar de cero"
La nieta de Dióscoro Galindo, maestro fusilado con Lorca, pide que continúe la búsqueda.

El País/NATALIA JUNQUERA - Madrid - 18/12/2009

"Esto ha sido un golpe muy duro. Son 14 años de lucha". Nieves García Catalán, nieta de Dióscoro Galindo, el maestro de Pulianas fusilado junto a Federico García Lorca en 1936, está hundida. Esta mañana le comunicaron la noticia de que en la fosa de Alfacar, donde un grupo de arqueólogos buscaba los restos desde hace casi dos meses, no han encontrado nada. "Sobre todo siento una pena terrible por mi padre, que murió engañado. Él siempre me dijo que el abuelo estaba allí enterrado. Ha sido el sitio donde hemos estado llevando flores toda la vida".

Ahora no se ve con fuerzas pero está decidida a seguir adelante. "Esto nos obliga a empezar de cero otra vez, pero me gustaría que le sigan buscando. Hay otros estudios que indican otras ubicaciones para la fosa como el que llevamos a la Audiencia Nacional, que señala una zona a 300 metros del lugar donde han estado excavando. Hemos luchado mucho, 14 años. Esto no se puede quedar así", añade.

Nieves García Catalán fue adoptada a los tres días de nacer por el hijo de Dióscoro Galindo, que a lo 9 años le explicó que no era su hija biológica. Antes de morir, le prometió a su padre que buscaría los restos de Dióscoro y en esa lucha ha invertido 14 años, incluido el frustrado intento del juez Baltasar Garzón en la Audiencia Nacional. Una de sus hermanastras se opuso a la apertura de la fosa. De haber encontrado los restos del maestro, quizá no hubieran podido identificarle porque el ADN de Nieves no serviría para realizar las pruebas.

EL ALCALDE FUGITIVO


Un documental narra la vida de un político republicano, hermano de falangista y fusilado tras dos años oculto.
El País/LORENA BUSTABAD - Ferrol - 04/12/2009

Hijo de un médico, hermano de un falangista, esposo ausente, republicano convencido y alcalde combativo, fue perseguido hasta la muerte y sepultado en una playa de Valdoviño donde nunca fue hallado. Descubierta por casualidad detrás de un viejo mueble donde permaneció oculta durante décadas, la historia de Alejandro Porto Leis, el último alcalde republicano de Serantes (Ferrol), ha dejado de ser un secreto. Y con él, las vidas de Modesto del Río, Xesús Miño y Avelino Landeira, los tres amigos que lo protegieron durante dos años de huidas y silencios. Los cuatro fueron fusilados sobre la arena de A Frouxeira el 2 de febrero de 1938. Cuentan sus descendientes que los falangistas buscaron "un castigo ejemplar", ya que así consta en la causa.

O segredo da Frouxeira, el documental de Xosé Abad que se estrenó ayer en el teatro Jofre, revive la historia de los Porto Leis, dos hermanos enfrentados por la Guerra Civil, cuyas familias acaban de reencontrarse salvando el rencor que las distanció durante los últimos 70 años.Esta coproducción de EAF Produccións y TVG, repasa la vida de Alejandro, Modesto, Xesús y Avelino y las irreparables consecuencias que una guerra fraticida causó a las cuatro familias que heredaron su tragedia.

Paulino Gasalla, casado con una sobrina-nieta de los Porto Leis, se topó hace cuatro años con un pequeño paquete de documentos y recortes que el último alcalde de Serantes ocultó tras el alzamiento franquista del 36 detrás de un aparador en casa de su suegra. Su minuciosa investigación de aquellos hechos sirve de hilo conductor a esta producción que revive la azarosa vida de Alejandro Porto Leis (Serantes, 1887), y de su hermano Eliseo, hijos del galeno del pueblo y enfrentados políticamente desde la juventud.

Con 13 años, Alejandro se embarcó a Cuba junto a una tía y de allí saltó a Estado Unidos, desde donde fue deportado "dicen que por enfrentarse al Ku Klux Klan", relata Gasalla. Se estableció en Serantes como electricista del astillero de Bazán mientras se comprometía con la causa republicana a través del ORGA (Organización Republicana Galega Autónoma). Las elecciones del 31 lo auparon a la alcaldía de Serantes, un municipio indepediente que fue anexionado a Ferrol en 1941. Se casó con Gloria Santos y poco después fue detenido y condenado por rebelión militar en plena II República a cuenta de un revólver que guardaba en su casa. El Frente Popular lo amnistió pero en julio del 36, Alejandro Porto Leis se echó al monte. Pasó casi dos años durmiendo al raso, en un zulo de Santa Marina o en cuevas de Cobas y San Xurxo, auxiliado por la red protectora que tejieron sus tres amigos. Estaba enfermo, buscó la ayuda de un médico y éste lo denunció.

El fotografo y director, Xosé Abad, dedicó año y medio a tejer el relato "de unos hechos traumáticos para cuatro familias que no se conocían" a fin de construir "una historia de enorme dignidad" sin "ningún ánimo de venganza". La cinta muestra los aspectos más sucios de los "paseos" falangistas entre amenazas y calumnias, como el saqueo de las propiedades de los represaliados a través de la historia de Modesto del Río, un patrón de pesca al que confiscaron sus propiedades.

Con ayudas de la Xunta y del Ministerio de Cultura, O Segredo da Frouxeira implicó a los ayuntamientos de Ferrol y A Coruña y a la Diputación. La Fundación 10 de Marzo, la Asociación Memoria Democrática y la entidad cultural Fuco Buxán contribuyeron a la reconstrucción. A los familiares de las víctimas, conmovidos con una historia que no todos conocían, les queda un último cabo por atar: localizar la fosa en la que fueron sepultados. El historiador Enrique Barrera rastreó sin éxito el inmenso arenal de Valdoviño. "De esa playa se sacaron millones de toneladas de arena y se dice que en algún camión iban los huesos", concluye Gasalla.

Electricista y poeta
- Versos en gallego y castellano. Alejandro Porto Leis era electricista y un hombre cultivado. En 1933, tres años antes de estallar la Guerra Civil, escribió un libro de poemas titulado Intemperancias poéticas

La Memoria Histórica no consigue recordar su Ley


LA MEMORIA HISTÓRICA NO CONSIGUE RECORDAR SU LEY
El Progreso/Manu López/20-11-2009

La muerte de Franco, de la que se cumplen 34 años, dejó muchas heridas abiertas en la sociedad española, a pesar de que el Caudillo afirmara en su testamento político que todo quedaba ''atado y bien atado''. Durante la Transición y las tres décadas de democracia posteriores se pasó de puntillas por la represión de la Dictadura y por la reparación de la memoria de aquellos que la sufrieron, hasta que un Gobierno se decidió a dar un paso en este sentido. En el año 2007 era aprobada en el Congreso la Ley de Memoria Histórica, con la intención de que ''la democracia española y las generaciones vivas que hoy disfrutan de ella honren y recuperen para siempre a todos los que directamente padecieron las injusticias y agravios producidos(...) en aquellos dolorosos períodos de nuestra historia''.

Los avances realizados y las intenciones son positivas, pero, dos años después de su entrada en vigor, a la hora de aplicar la ley aparecen numerosas sombras y surgen no pocas críticas. Tal es así, que el vicepresidente de la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), Santiago Macías, asegura que ''la ley está hecha de cara a la galería y no está desarrollada. No es que se cumpla, salvo excepciones, sino que, no se cumple, salvo excepciones''.


Centrándonos en el caso concreto de Galicia la tónica general es muy similar a la del resto del Estado. El Catedrático de Historia Contemporánea de la USC, Lourenzo Fernández Prieto, señala que ''la aplicación de la ley es consecuente con su contenido. Tiene una lógica muy farragosa''. Esta postura es compartida por el historiador Dionisio Pereira que apunta que ''su contenido no satisface y la aplicación es muy lenta''.

La búsqueda del pasado

Muchos familiares de personas represaliadas por el régimen de Franco se encuentran enterrados en fosas comunes. Las asociaciones de Memoria Histórica llevan tiempo prestando su apoyo para la localización de los restos mortales de los familiares, pero las administraciones públicas no están dando los pasos necesarios para ayudar a los descendientes de los represaliados. ''Cuando un Gobierno autonómico te remite a Madrid, es que algo no funciona'', advierte Santiago Macías, al decirle que, para hacer este reportaje, en la Xunta de Galicia nadie quiso o nadie pudo hablar sobre esta lei. La respuesta es la misma si acudimos a la Delegación del Gobierno: ''Llama a Madrid''.

Recientemente, en Pontevedra fueron hallados dos cuerpos en una fosa común situada en la localidad de Curro. Castor Cordal y Ramón Barreiro, de 27 y 19 años son las personas que presuntamente yacían en ese lugar. Sus restos están siendo analizados en un laboratorio de Guadalajara por la ARMH para determinar el parentesco. Elena Barreiro, sobrina de Ramón Barreiro dice que ''quedamos contentos por el descubrimiento, porque llevamos 73 años sin saber nada de él''. Antonio Cordal, pariente de Castor, afirma que ''sabíamos que estaba allí, pero durante muchos años no fue posible sacar los restos porque no había apoyos''.

El apoyo del que habla Antonio no es el otro que el de la ARMH porque al preguntarle qué tipo de ayuda ha recibido de las administraciones públicas, la respuesta es ''ninguna. No han puesto ningún tipo de traba, pero ayuda tampoco. No sabemos a quien acudir, salvo a la ARMH''. Elena Barreiro también tiene claro este punto y sentencia que ''debería haber más ayuda por parte de las autoridades, deberían poner gente suficiente para buscar y dar un entierro digno a las personas que fueron asesinadas por esos verdugos''.

Para los historiadores, este punto es uno de los más criticables de la ley. Dionisio Pereira habla de una ''zafada de responsabilidades por parte del Estado, recayendo éstas en los ciudadanos. Esto es muy injusto. Tienen que hacer mucho trabajo las asociaciones y los familiares. La financiación no lo es todo''. Desde el año 2000 la ARMH es el principal organismo que se encarga de este tipo de trabajos. Santiago Macías considera que ''hay personas en un nivel y otras en otros. Las que estaban a la sombra del poder viven en el complejo de ser familiares de perdedores y de ser insignificantes. Esa insignificancia tiene que acabar''.

Cabe recordar que el artículo 12 de la Ley de Memoria Histórica habla de la elaboración de un protocolo de actuación científica y multidisciplinar que asegure la colaboración institucional y una adecuada intervención en las exhumaciones. Además, propone la elaboración de un mapa de fosas, para la que se cuenta con la colaboración de las administraciones públicas, que dos años después no se ha realizado.

La personalidad jurídica de las víctimas

El artículo 3 de la ley declara ilegítimas las actuaciones de los jurados y tribunales que dictaron condenas durante la Guerra Civil y la Dictadura por motivos ideológicos, políticos o religiosos. Con respecto a esto el historiador Dionisio Pereira considera que ''la principal tara de la ley es no dotar de personalidad jurídica a las víctimas. No se aplican los principios del derecho internacional de reparación, verdad y justicia''. Asimismo, el historiador apunta los puntos en los que no se aplican estos principios: ''La reparación sólo es parcial, quedando fuera de las indemnizaciones muchas personas; la verdad se deja al libre albedrío de los historiadores o colectivos de memoria, cuando debería crearse una comisión de la verdad; la justicia debe pasar por la anulación de consejos de guerra y juicios para reparar la dignidad de los que fueron juzgados''.

Los familiares de las personas asesinadas por el Franquismo también reclaman la dignidad de sus muertos pero saben que ese reconocimiento, por lo menos con esta ley, no llegará. Antonio Cordal sabe que ''esas personas fueron asesinadas por tener ideaas contrarias al Franquismo y nos gustría que la dignidad de nuestros familiares fuera recompensada pero sabemos que es imposible''. El vicepresidente de la ARMH resalta una vez más la ''insignificancia'' a la que los poderes públicos relegan a los represaliados y habla de un agravio comparativo porque ''a otros colectivos de víctimas no se les trata así. No se puede aplicar ese doble rasero y, además el colectivo de víctimas más numeroso es el de las de la Dictadura''.

EL 80% DE LAS VÍCTIMAS DEL FRANQUISMO FUE PASEADA


Un estudio realizado en Galicia refleja que la mayoría de los 5.561 asesinados del 36 al 39 no fueron sometidos a juicio.
Público.es/HENRIQUE MARIÑO - MADRID - 30/07/2009

Sus cuerpos aparecieron tendidos en una cuneta, tras los muros de una cárcel, siempre agujereados por balas anónimas. Fueron víctimas de la represión franquista no oficial: los paseados. Ocho de cada 10 muertos en Galicia no fueron sometidos a proceso judicial alguno y, sesenta años después, los investigadores apuntan las causas de su fallecimiento: paseos, ejecuciones sin apertura de causa legal.

Sólo entre 1936 y 1939, se registraron en esta comunidad autónoma 4.447 muertes extrajudiciales, frente a las 1.087 penas de muerte ejecutadas en el mismo periodo. Es decir, un 81% de los 5.561 represaliados que perdieron la vida sufrieron el odio y la venganza. Son datos del proyecto interuniversitario As vítimas, os nomes, as voces e os lugares, patrocinado por la Xunta y desarrollado por la Universidad de Santiago en colaboración con las de A Coruña y Vigo.

Sus nombres pueden consultarse en Nomes e Voces, una web que permite la búsqueda de miles de víctimas, incluidas las que sobrevivieron pero dieron con sus huesos entre rejas. El perfil de los muertos responde a jóvenes de clases populares, que vivía en ciudades, asesinados en el primer año de la contienda y de sexo masculino. La memoria oral y los registros civiles y judiciales han permitido ahora sacar sus identidades a la luz.

OCHO DE CADA DIEZ VÍCTIMAS DEL FRANQUISMO FUERON "PASEADAS"
Un estudio realizado en Galicia refleja que la mayoría de los 5.561 asesinados del 36 al 39 no fueron sometidos a juicio
Público.es/HENRIQUE MARIÑO - Madrid - 29/07/2009

Ocho de cada diez víctimas de la represión franquista en Galicia fueron paseadas. Sólo entre 1936 y 1939, se registraron 4.447 muertes extrajudiciales, frente a las 1.087 penas de muerte ejecutadas.

Son datos del proyecto interuniversitario As vítimas, os nomes, as voces e os lugares (patrocinado por la Xunta y realizado por la Universidad de Santiago de Compostela en colaboración con las de A Coruña y Vigo), que ha contabilizado 5.561 personas represaliadas que terminaron perdiendo la vida en la comunidad autónoma gallega.

Sus nombres y apellidos pueden ser consultados en Nomes e Voces, una web que permite la búsqueda de miles de represaliados. De los que resultaron muertos, un 81% no fueron sometidos a proceso judicial alguno. Se entiende, pues, que las causas de su fallecimiento fueron los "paseos, ejecuciones sin apertura de causa, muertes en tiroteos y en prisión".

El 99,2% de los condenados a muerte fueron hombres, una cifra que baja hasta el 97,3% en el caso de las muertes extrajudiciales. En este sentido, la represión bajo cuerda se cobró más víctimas entre las mujeres que la oficial.

El perfil de los fallecidos, según se desprende del informe (pdf) dirigido por el investigador de la Universidad de Santiago de Compostela Lourenzo Fernández Prieto, podría ser el siguiente: joven, de clase obrera y popular, residente en A Coruña, Ferrol y Vigo, asesinado en el primer año de la contienda y de sexo masculino.

Los datos de las víctimas están, según los autores del estudio, "criticados, cruzados entre diferentes fuentes y sometidos a una contrastación que no siempre es sencilla". Para la elaboración del informe y la base de datos, se consultaron 2.608 expedientes de procesos judiciales, registros civiles de 310 ayuntamientos y 52 trabajos de varios autores. También se realizaron 403 entrevistas y, más adelante, accederán a 68 archivos parroquiales.

Las familias de las víctimas pueden buscar a los suyos aquí. Además del nombre, figura su origen, fecha de nacimiento, profesión, gremio o sindicato al que estaba afiliado, proceso al que fue sometido, así como el día y lugar de su muerte.

FUERON TIRADOS A LA ZANJA CON VIDA"


Exhumados los restos de 18 soldados asesinados en 1937 por fuerzas franquistas en Granada.
Público.es/PURA RAYA - GRANADA - 23/06/2009

Un equipo formado por 30 personas, entre arqueólogos, historiadores, médicos y voluntarios de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) de Granada, ha logrado exhumar e individualizar los restos de 18 soldados republicanos, fusilados entre el 15 y el 25 de febrero de 1937 por las fuerzas nacionales franquistas.

"Venían huyendo de la toma de Málaga por la carretera que va hacia Almería. Fueron apresados y asesinados 24 horas más tarde y lo último que cenaron fueron patatas fritas", detalló a los periodistas el historiador y vicepresidente de la ARMH de Granada, Rafael Gil Bracero.

Finca particular

La fosa, ubicada en una finca particular del núcleo urbano de Melegís, en el municipio granadino de El Valle tiene en su parte más alta una longitud de 10,5 metros, una anchura máxima de 80 centímetros y 1,75 metros de profundidad. Según Francisco Carrión, arqueólogo que ha dirigido las labores de recuperación, "lo que más ha complicado el trabajo ha sido el hecho de que los cuerpos estuvieran unos sobre otros, a modo de sándwich y separados por cal".

Además de elementos óseos y "bastante munición", han aparecido en el terreno "restos de calzado y ropa, dos cucharas militares dobladas por uno de sus extremos para llevarlas en el cinturón, cuatro monedas cerca del fémur de uno de los milicianos, botones de camisas y dos insignias de origen militar, una de ellas con dos fusiles cruzados, que están en proceso de restauración y que podrían dar buenas pistas sobre la unidad militar a la que pertenecían", explicó Carrión. "La mayoría de los cráneos están atravesados por balas, fruto de los famosos tiros de gracia. Esto indica que cuando los cuerpos fueron lanzados a la zanja, aún estaban con vida", añadió el arqueólogo.

Dificultad con manos y pies

Los restos se han recuperado en un 100% y se han individualizado. "Lo que más ha costado han sido las manos y los pies", concretó Ernesto Rosales, médico y socio de la ARMH de Granada, quien aseguró que la mayoría de los cadáveres pertenecen a hombres menores de 30 años y presentan fracturas de huesos. "No se sabe si porque fueron sometidos a tortura o porque, una vez tiroteados, fueron arrojados a la zanja de cualquier manera", explicó.

La ARMH ha pedido la colaboración ciudadana y del Ministerio de Defensa para identificar los cuerpos. Si nadie los reclama, descansarán en el cementerio de Melegís previsiblemente en otoño. Los datos recabados, unidos a otros, como las peculiaridades físicas de alguno de los fusilados (uno medía más de 1,90 metros), podrían ayudar a su identificación.

La zanja estaba incluida en el mapa de fosas de Granada. La exhumación fue costeada por la ARMH al no alcanzar para ello las subvenciones de la Junta de Andalucía.

Melegís recupera la historia de 18 milicianos huidos de Málaga

La ARMH exhuma los cuerpos de estos soldados republicanos fusilados y enterrados en una fosa común del municipio del Valle de Lecrín en febrero del 37.
Granada Hoy/Elena Llompart / Granada Actualizado 23.06.2009

Llegaron en desbandada al Valle de Lecrín después de caminar durante unos diez días desde Málaga, ciudad de la que huyeron al ser tomada por fuerzas franquistas. Los 18 milicianos republicanos se dirigían hacia Almería, la 'zona roja', pero fueron neutralizados y apresados en Melegís, donde el relato oral recuerda que quedaron saciados de patatas fritas antes de ser fusilados por el batallón en una noche comprendida entre el 15 y el 25 de febrero de 1937. Enterrados en una fosa común que ahora ve la luz, ni la cal ha podido borrar los rasgos del terror que conservan sus huesos.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) de Granada presentó ayer los primeros resultados de la exhumación de los cuerpos de estos jóvenes republicanos, casi todos menores de 30 años. Estaban hacinados y enterrados en una zanja -de 10,5 metros de longitud y una profundidad de entre 1,50 y 1,75 metros cuadrados- situada en terrenos de una finca privada. Buena parte de ellos recibieron el tiro de gracia ya en la fosa común.

La excavación se ha llevado a cabo durante un mes usando las mismas técnicas que en un yacimiento arqueológico y, aunque los restos aún no han sido identificados al no haber sido reclamados por sus familiares, sí se han individualizado y en el futuro se realizará un banco de datos en el municipio para ponerlos a disposición de quien los reclame. Además, el Ayuntamiento habilitará una zona en el cementerio para dignificarlos.

Pero, ¿cuáles son los motivos que mueven a la ARMH para abrir una fosa sin que exista una solicitud previa de algún familiar y en la que, de momento, permanecen los restos de 18 desconocidos? Según la presidenta de la asociación, Maribel Brenes, la fosa de Melegís es una de las pocas que se señalaron como viables para exhumar en el mapa de fosas, si bien, como no se ha contado con subvenciones para acometer los trabajos, ha sido la propia ARMH la que los ha asumido económica y personalmente. Además, al estar situada la fosa fuera del cementerio, la asociación temía por la mala conservación de los restos.

Por su parte, el vicepresidente, Rafael Gil Bracero, valoró que la apertura de la tumba se ha llevado a cabo como "un acto de justicia". En clara alusión a los obstáculos que el colectivo se ha encontrado al solicitar la exhumación de la fosa en la que yacen los restos de García Lorca, Gil Bracero aseguró que "parece que Granada tiene una maldición". "Nosotros queremos hacer visible que es necesario, justo y conveniente el estudio y la exhumación. Y en este caso queremos que se vea que la historia contemporánea tiene también a otros protagonistas: los desconocidos".
La excavación, según destacó el arqueólogo y profesor de la Universidad de Granada (UGR) Francisco Carrión, ha sido muy compleja, ya que la altura actual del terreno es diferente a como lo era en 1937: en la zona se plantaron naranjos que agregaron una capa de tierra de labor al suelo que entonces existía.

Este hecho, sumado a que los cuerpos estaban situados unos sobre otros y con capas de cal entre cada uno de ellos, hicieron "muy difíciles" los trabajos, según indicó Carrión, quien precisó que sin embargo han sido "muy minuciosos" para que no se perdiera ningún hueso, para su futura identificación.

Así, se han conseguido individualizar los restos de estas 18 personas y curiosamente se han hallado algunos de los objetos que en el momento de su muerte llevaban. Se han encontrado restos del calzado, una insignia militar con dos fusiles cruzados -que servirá para averiguar la unidad militar a la que pertenecían-, cuatro monedas que uno de los milicianos llevaba en su bolsillo y varias cucharas doblada para llevar asidas de los cinturones.

Esos datos, unidos a otros como las peculiaridades físicas de alguno de los fusilados -hay uno que medía más de 1,90 metros-, podrían ayudar a su identificación, según confía la asociación. Porque, aunque los restos humanos se encuentran muy deteriorados por el peso de tierra que han sufrido durante más de 70 años, los trabajos de tamización de la tierra en la que se encontraban han permitido además localizar huesos de hasta tres milímetros.

De esta forma, los técnicos han logrado además extraer casi el cien por cien de todos los elementos óseos de aquellos milicianos, según apuntó el médico y también miembro de la asociación granadina Ernesto Rosales.

Setenta Años Esperando


Las familias de once hombres fusilados por los fascistas en Calañas en 1937 entierran sus cuerpos dignamente en el cementerio cerreño.
Los cadáveres han sido identificados por un equipo de expertos.
Huelvainformación/R. Moreno/J.M. Salgado/ El Cerro Actualizado 24.05.2009

En la mañana de un fatídico 13 de noviembre de 1937 una descarga de fusilería fascista acabó con la vida de once vecinos de El Cerro de Andévalo en el cementerio de Calañas. Los cuerpos rematados y sin vida de José Gil Romero (PSOE), Agustín González Vázquez (Partido Republicano Reformista), Martín González Volante (PSOE), Fernando Márquez Leandro, Manuel Patricio Valle (Comité de Defensa Antifascista), Alfonso Pavón Sánchez (campesino), José Pavón Sánchez (ex guardia civil y militante anarquista), José Rodríguez Domínguez (Comité Antifascista), Diego Sánchez Delgado, Luis Serrano Delgado (PSOE) y Juan Trigo Campillo fueron arrojados amontonados a una fosa común del cementerio calañés por sus verdugos.

Allí han permanecido casi 72 años hasta que ayer sus familiares y amigos le dieron sepultura en el cementerio cerreño.

El entierro ha sido posible tras concluir con éxito un largo proceso de investigación a cargo de Francisco Javier González Tornero e identificación forense desarrollado por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica con el apoyo de las familias de los asesinados, del Ayuntamiento de Calañas, del proyecto Todos los Nombres y del Ministerio de la Presidencia.

González Tornero dijo ante las familias de las víctimas que "hoy recuperamos sus nombres y su dignidad" después de que sufrieran el "exterminio fascista, fueran fusilados vilmente y sin juicio alguno" .

Aunque la identificación por ADN no ha sido posible, el dictamen de los profesionales es concluyente: los huesos son de esa etapa y la documentación previa recopilada, que incluía datos de las sepulturas, no deja lugar a dudas de que se trata de las once personas fusiladas. La exhumación dejó al descubierto cuatro cuerpos enteros y los restos de otros siete así como objetos que pertenecieron a los hombres fusilados, monedas, botones, cristales de gafas e incluso proyectiles que han servido hasta para identificar el arma utilizada en el fusilamiento.

Todos los partidos políticos representados en las casas consistoriales de Calañas y El Cerro, PSOE, PP y PA, con sus alcaldes a la cabeza, Fernando Recio y Juan Manuel Borrero, respaldaron el acto con su presencia.

El emotivo homenaje de ayer comenzó en el cementerio calañés con el descubrimiento de un monolito en el lugar donde estaban las fosas 19 y 20. El alcalde, Fernando Recio, subrayó que a pesar del duelo interrumpido durante más de setenta años "hoy es un día feliz. Las familias se sienten mejor porque ya tienen a los restos de sus familiares en casa".

Una hora después, el camposanto cerreño acogió el enterramiento de las siete cajas blancas y una de cartón que contenían los restos óseos exhumados el pasado invierno por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

El alcalde, el popular Juan Manuel Borrero, dijo que "hoy era un día para el respeto" y de emoción para las familias de las víctimas.

Ayer las familias de los fusilados dieron muestras de una humanidad desbordante, de la que carecieron los verdugos en 1937. Antonia Trigo (hija del agricultor Juan Trigo) y Agustín Serrano (hijo del militante socialista Luis Serrano) expresaron el agradecimiento a todos los que les han ayudado en este largo camino. Ambos conocieron la tumba inacabada desde muy temprana edad, cuando sus madres les llevaban al cementerio para mantener la memoria viva de sus padres. Otro de los familiares, Luis Serrano, leyó un escrito en el que recordó "los miedos aterradores" de los años de la represión y la bondad de la víctimas porque sus descendientes "nos han criado con los valores propios de una ética cívica donde la honestidad, el trabajo y la tolerancia han sido los elementos vertebradores de nuestra educación".

El acto concluyó con la lectura de un poema hallado en el lugar del crimen: "Cuando faltan horas para mi muerte/ya no existo/la espero en un silencio que enloquece".

Falleció Vicente Moreira, Un Niño de la Guerra


HA MUERTO VICENTE MOREIRA, EL NIÑO DE LA GUERRA CUYA MADRE SE ENCONTRABA EN LA SEGUNDA FOSA EXHUMADA POR LA ASOCIACIÓN PARA LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA.

VIVIÓ DURANTE VEINTE AÑOS EN LA ENTONCES UNIÓN SOVIÉTICA Y A SU REGRESO A ESPAÑA
ESPERÓ A LA DEMOCRACIA PARA BUSCARLA.

ESCULPIÓ UN MONUMENTO A LAS VÍCTIMAS DE LA INTOLERANCIA QUE DESDE HACE ALGO MÁS DE UN AÑO SE ENCUENTRA INSTALADO EN UN ESPACIO PÚBLICO EN FABERO
.

El 26 de agosto de 1936 Isabel Picorel escapó junto a sus tres hijos de su casa de Langre. Alguien la había avisado de que la falange iba a detenerla por sus simpatías republicanas y como castigo a su marido, que tras el golpe de Estado del 18 de julio se había unido a las fuerzas democráticas republicanas en Asturias.

Esa noche Vicente Moreira la pasó durmiendo al raso, abrazado por su madre y con sus hermanos acurrucados junto a ambos. Por la mañana, Isabel Picorel decidió bajar al pueblo para recoger de la casa algunas cosas que no había podido llevarse en la huida; algún objeto personal y los pocos ahorros que tenía. Se despidió de sus dos hijos pequeños, que nunca más volverían a verla, y bajó con el hijo mayor con todo el sigilo posible. Pero los detuvieron y a ella le esperaba un camión en el que fue transportada junto a otros tres detenidos ilegalmente: Cipriano Alonso Campillo, de 44 años y vecino de Langre; Sergio Rodríguez Prieto, de 27 años y vecino de Tombrio de Arriba y otro vecino del mismo pueblo, Bernardino Carro Prieto.

Los cuatro fueron asesinados por los pistoleros falangistas en una curva, en el término municipal de Fresnedo. El padre de una de las víctimas, buscando a su hijo, contactó con un hombre que había formado parte del enterramiento. Ese testimonio sería fundamental para que años después se encontrara la fosa.

La pérdida de la madre arrastró a los hijos de Isabel Picorel a la búsqueda del padre que se encontraba en Asturias. Los pequeños cruzaron el frente de guerra, pidiendo comida por los pueblos, hasta que llegaron a la costa. Allí dos de ellos fueron embarcados en un buque, con destino a Leningrado. El padre cayó herido en el frente, fue detenido y murió en 1946, viudo y alejado de sus hijos.

Vicente Moreira pasó veinte años en lo que era la Unión Soviética: primero en Leningrado, después en los Urales, en Moscú y en Bakú, la capital de Azerbayán. Estudió artes plásticas y se especializó en modelado y escultura.

A mediados de los años cincuenta Vicente regresó a España y consiguió trabajar como profesor de dibujo en un instituto de Enseñanza Secundaria. Desde su regreso conservó el deseo de averiguar exactamente qué había ocurrido con su madre y recuperar sus restos. Fue al final de la dictadura cuando alguien le relató algunas cosas y consiguió conocer el lugar en el que había sido enterrada junto a los otros hombres con los que compartió ese trágico destino.

El deseo permaneció intacto hasta que Vicente escuchó que un grupo de arqueólogos habían abierto una fosa común en Priaranza del Bierzo. Y entonces decidió enviar una carta al alcalde de Fresnedo para solicitarle ayuda.

El 8 de septiembre de 2001 la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) con ayuda de un grupo de arqueólogos y forenses llevó a cabo la exhumación de la que fue segunda fosa abierta por el colectivo surgido en el Bierzo. Vicente Moreira cumplió entonces su deseo, recuperó los restos de su madre y les dio una sepultura digna.

Desde entonces colaboró con la asociación, de la que era socio, y participó en numerosos actos públicos para dar testimonio de todo lo que tuvieron que padecer las víctimas de la represión franquista.

El pasado mes de abril de 2008 cumplió otro de sus sueños. EL Ayuntamiento de Fabero instaló en un especio público una de sus esculturas que con el título de “Nunca más” trataba de recordar a todos aquellos hombres y mujeres que fueron víctimas de la intolerancia.

Ayer por la mañana Vicente falleció en Madrid, consciente de la dura tragedia que le había tocado vivir, de lo tarde que llegó para él una reparación que nunca provino del Estado y de lo dura que fue su vida desde aquel día en el que durmió al raso, junto a una madre protectora que le rodeaba con su brazo la cintura y a la que después de ese amanecer no volvió a ver. Desde hoy sus los restos de esa madre y ese hijo reposan de nuevo juntos.

Los 30.000 Menores Robados del Franquismo



DESAPARICIONES LA ASOCIACIÓN DERECHO A SABER DA CUENTA DE MÁS CASOS.
El robo de niños fue sistemático en cárceles, hospicios y maternidades. 70 años después no se saben todos los datos. Los tiene la Iglesia en sus archivos y ninguna ley le obliga a abrirlos.

Periódico Diagonal/María José Esteso Poves / Madrid/07-05-2009

“Lo llevaron a bautizar y no me lo devolvieron. Yo reclamaba el niño, y que si estaba malo, que si no estaba. No lo volví a ver”. Éste es el testimonio de Emilia Girón, que dio a luz en el hospital de la cárcel de Salamanca en 1941. Su delito, ser hermana de un guerrillero. Este caso y otros están recogidos en el auto de Garzón tras la denuncia presentada en la Audiencia Nacional por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH). En el auto se dice que los niños perdidos son víctimas del Franquismo y que había un plan de desapariciones para eliminar oponentes. La Fiscalía declaró a Garzón no competente.

El caso de Emilia Girón no es único, se calculan más de 30.000 los niños robados a familias “no afectas”. 70 años después poco se sabe de aquel episodio aberrante de la dictadura. Irredentas (2002) de Ricard Vinyes recompone el puzzle. Vinyes basó parte de su investigación en testimonios de presas recogidos por Tomasa Cuevas, también presa.

Después de la guerra, la represión fue brutal. Miles de personas fueron encarceladas e incluso se habilitaron conventos como prisiones. A ellas fueron a parar muchas mujeres.

La cárcel de Ventas, concebida como un edificio moderno por Victoria Kent, se convirtió en un lugar infame. Tomasa Cuevas lo describe como un gigantesco almacén de mujeres. Antonia García dice: “Sólo recuerdo la locura de mi primer día en la sala de prisión: un sitio para 500 personas albergaba a 11.000. Las mujeres se tiraban al suelo a la vez, no había más sitio”.

Las presas vivían hacinadas con sus hijos y, pronto, la masificación supuso un problema, no humanitario, sino económico y administrativo. Mirta Núñez Balart, historiadora, calcula que en 1939 había 280.000 presos. Hoy con el doble de población son unos 60.000.

Las embarazadas con pena de muerte eran fusiladas nada más dar a luz, como relata Carlos Fonseca en Trece rosas rojas. Trinidad Gallego, matrona, fue encarcelada y ayudó a parir a sus compañeras de prisión. A sus 95 años recuerda para DIAGONAL que “allí los niños los disfrutaba la Topete [la directora María Topete]. Las madres estaban separadas de sus hijos, si devolvían, ellas no podían cuidarlos. Sarna, piojos, sin apenas comida ni agua. Morían muchos. Con tres años se los llevaban, si tenían familia, pero entonces todos estaban en la cárcel e iban a parar a los hospicios o no se sabe”.

En los ‘40 se abrió una prisión para madres lactantes en Madrid. Las presas pensaron que las condiciones mejorarían. Mercedes Núñez, presa política, dice en Mujeres caídas de Mirta Núñez: “Ninguna madre podía cuidar de su hijo. Los niños vivían separados en un patio aparte y ellas trabajaban en talleres más de diez horas diarias”. En Santurrán (País Vasco) las monjas mandaron salir a las presas al patio. Cuando volvieron, sus hijos habían desaparecido. Ya no existían, no habían sido inscritos en el registro de entrada.

Teorías de inspiración nazi

El rapto se convirtió en ‘legal’ por la Orden de 30 de marzo de 1940 que da la patria potestad al Estado. El general y médico Vallejo Nájera, formado en Alemania e ideólogo del régimen, afirmaba que era necesario “extirpar el gen marxista” y recomendaba el traslado de los niños a hospicios para “la eliminación de los factores ambientales que conducen a la degeneración”. Para ello, aplicó descargas eléctricas a los presos y otros experimentos.

La Iglesia regía todos los órdenes de la vida, los internados moldeaban a los niños, mientras el régimen los presentaba como “sacados de la miseria material y moral”. Victoriano Ceruelo, de 65 años, estuvo en Zamora: “Desde los cinco años, todos los días nos levantaban a las 5h. de la mañana para ir a misa. Los domingos venían familias y las monjas nos ponían en fila. Y decían ‘me gusta ése’, y se lo llevaban. Un día me tocó a mí, pero él le daba mala vida a mi madre y ella se suicidó”. Hasta hace poco iba cada año a preguntarle a la superiora quiénes eran sus padres. Ella le decía: “No tienes derecho a remover”.

El 4 de diciembre de 1941 una ley autorizó cambiar los apellidos “si no se pudiera averiguar el Registro Civil en que figuren inscritos los nacimientos de los niños que los rojos obligaron a salir de España y que sean repatriados [23.000 volvieron]. Igual inscripción se hará a los niños cuyos padres y demás familiares murieron o desaparecieron durante el Glorioso Movimiento Nacional”.
Fernando Magán, abogado de la ARMH, señala que “eso es la transposición de un decreto nazi a España. Lo que subyace es el exterminio de una clase social, los rojos. La eliminación de las ideas por la vía del exterminio de las personas. Hubo un momento –continúa Magán– en el que se instruyó a la policía judicial para abrir los archivos parroquiales. Pero la sala de lo penal, la misma que condenó a Scilingo, cerró sumario”.

También el orden moral impuesto repudiaba a las mujeres si su unión no era bendecida. En el programa de Paco Lobatón (TVE) ¿Quién sabe dónde? afloraron miles de casos. Sensibilizado, Lobatón fundó Derecho a Saber (ANDAS), junto a varias afectadas. A partir de ahí, el programa fue incómodo.

El caso de María Fe Fernández (Pamplona) se resolvió en la tele. La suya fue madre soltera: “Si se quedaban embarazadas iban a parar al convento hasta que daban a luz, luego a la maternidad, allí el capellán hacía las gestiones. Las engañaban y los hijos iban para militares, ricos o familias humildes (a cargo de curas)”. Dice que hay casos en Argentina, Italia, Alemania o Austria.

Avanzada la dictadura el secuestro de bebés continúa. Ahora, Mar Soriano busca a su hermana. Su madre falleció hace unos días. “Mi hermana nació en 1964 en la Maternidad de O’Donnell (Madrid), parecía sana, pero la metieron en la incubadora y un día le dijeron a mis padres que había muerto y que ya la habían enterrado. Ellos estaban aturdidos, eran gente humilde y no sabían qué hacer. Les dieron la partida de defunción y decía que un general mandó enterrarla. A mí me contaron que mi hermana murió. Por mi trabajo doy conferencias en el extranjero para personas sordas. Y en 1997, en Austria, se me acercó alguien que me dijo que conocía a mi familia en Klangerfür, que si el padre era alemán, su hija era igual a mí, mi misma cara, pelo... Dije que no. Hace unos meses empecé a atar cabos”. También desconocía el caso de una madre que ha localizado en Austria a su bebé robado en Madrid. La Iglesia tiene los archivos, pero ninguna ley obliga a abrirlos.

La Memoria Dolorida de los Vargas


Dos generaciones de una familia sevillana, testigo de la represión, han ayudado a ubicar fosas comunes y asesinatos.
Público.es/ÁNGEL MUNÁRRIZ - Sevilla - 19/04/2009

El niño Manuel Vargas hubiera preferido vivir en cualquier otra calle de Sevilla. Pero le tocó la de Don Fadrique, y justo el número 21, cerca ya de la muralla de la Macarena.

Según los historiadores, unas 2.000 personas murieron fusiladas en aquella muralla durante la represión encabezada por el general golpista Gonzalo Queipo de Llano, cuyos restos descansan bajo techo sagrado en la cercana basílica de la Macarena. “Ojalá no hubiera visto lo que vi ni oído lo que oí. Pero ahora que lo he podido contar a todos, ya me puedo morir tranquilo”, dice Manuel, las lágrimas asomadas a los pequeños ojos azules.

Lolo Vargas logró poner una cruz en una tumba colectiva en los años 50
Aunque a Manuel le hubiera gustado crecer sin la vecindad de los disparos, le tocó Don Fadrique, una calle de paso obligado hasta el cercano cementerio de San Jerónimo, escenario de ejecuciones masivas y fosas comunes. Su casa estaba destinada a ser un mirador del horror.

Hoy es la ciudad la que conoce mejor aquel drama gracias a la contribución de la familia Vargas a la recuperación de la memoria histórica –una asignatura pendiente en Sevilla, según todas las organizaciones–. Esta contribución tiene un episodio decisivo “a principios de los 50”, recuerda Manuel. Su padre, Lolo Vargas, herrero y comunista, decidió hacer él mismo una cruz y colocarla sobre la mayor de las fosas comunes del cementerio, con más de 3.000 cadáveres. Esa cruz ayudó, décadas después, a ubicar con exactitud la fosa.

4.000 muertos
“No soportaba saber que estaban ahí, sin ninguna señal. Se coló en el cementerio y puso la cruz ahí. Y nadie la quitó. A veces se caía, y alguien la levantaba. Con el tiempo, unos albañiles la vieron y le pusieron el basamento”, cuenta Manuel, que afirma que a nadie, ni siquiera en el franquismo, pareció molestarle aquella cruz.

Nuevas lápidas han ido enterrando a lo largo de las décadas el recuerdo de las fosas comunes. Incluso las asociaciones a favor de la memoria histórica asumen que será muy difícil que haya exhumaciones. “La complejidad técnica sería enorme”, dice José Manuel García, portavoz de Sevilla por la República.

De los más de 4.000 muertos que se calcula que están repartidos entre todas las fosas, sólo hay registrados unos 900. Las incógnitas ganan por goleada a las certezas. Y una de las escasas certezas es, precisamente, la cruz, que sigue allí medio siglo después. No tiene un solo papel ni oficialidad alguna, pero el mundillo republicano de Sevilla sabe bien qué significa la Cruz de Lolo, como la conocen todos.

Cecilio Gordillo, del grupo sobre memoria histórica de CGT, afirma que la cruz sirvió para ayudar a ubicar esta fosa, que cuenta como único reconocimiento oficial con una placa municipal. “Que allí hay una fosa es el único dato seguro que tenemos”, explica.

La ubicación exacta de la fosa no es lo único que la memoria de Sevilla le debe a los Vargas. El martes, 14 de abril, con motivo del 78º aniversario de la Segunda República, el Ayuntamiento inauguró un monolito en homenaje a los fusilados junto a la muralla de la Macarena. En el acto oficial, se le dio la palabra a Manuel, presentándolo como una persona decisiva en la ubicación exacta del monolito y testigo directo de la barbarie durante lustros. “Tuve la desgracia de vivir en Don Fadrique”, comenzó Manuel, militante del PCE, ante 150 personas.

Disparos en plena noche
El año 1936 le pilló a Manuel con apenas tres años, pero hubo fusilamientos hasta 1952. Al otro lado del arco de la Macarena, fue donde más guerra dio a Queipo la frágil resistencia obrera. Quizás por eso eligió la muralla para sus numerosas matanzas.

Los recuerdos de Manuel van desde el llanto de su madre hasta los camiones en plena noche cargados de presos. “Los oía gritar, rezar, llorar”, cuenta. Y, finalmente, los disparos. También recuerda que en el cementerio, donde iba a llenarse los bolsillos de moras, descubrió un día un cráneo con un agujero. Y todo lo rememora emocionado, aliviado y casi sorprendido de que, después de tantos años, le pregunten ahora por el tema. “Que no se olvide”, pide, mirando orgulloso la cruz que forjó su padre.

FIN A 73 AÑOS DE OLVIDO EN UNA FOSA COMÚN


La ARMH trabaja en Villamediana (Palencia).
Quieren recuperar los cuerpos de once mujeres asesinadas en la Guerra Civil.
20minutos.es/M.G.P./20-03-2009

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica inició ayer en Villamediana (Palencia) la exhumación de la conocida como fosa de las mujeres, donde se prevé encontrar el mayor número de féminas asesinadas durante la Guerra Civil.

De hecho, los voluntarios esperan recuperar a 11 de las 25 mujeres de Dueñas (Palencia) que murieron fusiladas en una noche de septiembre de 1936 después de que fueran sacadas de sus casas ante los ojos de sus hijos. Junto a ellas pueden estar también los restos de dos hombres.

Lo único que quieren ya los familiares es tener un sitio donde llevarles flores a sus muertos.

Uno de los cuerpos que se prevé encontrar es el de Juana Pérez Torres, a quien su hija Milagros Antolín Pérez -que en aquella época tenía 8 años- recuerda salir de casa vestida «con una blusa de pintas y un delantal negro porque estaba de luto por la muerte de mi padre».

Descansar tranquila

Su supuesto delito fue llevar la bandera republicana durante una manifestación y eso le costó a sus diez hijos quedarse huérfanos y vivir «las vejaciones y los insultos de los vecinos», que les decían que los iban a matar a ellos también, informó Efe.

Ahora, su alegría sería recuperar los restos de su madre para descansar tranquila y tener un sitio donde llevar un ramo de flores. El mismo sueño tiene Justa, quien observó los trabajos con «el corazón a cien» y la esperanza de que aparezcan los restos de sus padres, Valeriano Bravo y Margarita Alonso, que tenía 23 años cuando murió y estaba embarazada.

Justa reconoce que nunca ha sabido qué delito cometieron sus padres y tampoco ha vuelto a ver a su hermano pequeño, que tenía 15 meses cuando los mataron.

Los trabajos de exhumación se prolongarán hasta el próximo miércoles y concluirán cuando se identifiquen todos los restos y se les pueda dar sepultura en el monumento funerario del cementerio de Dueñas donde descansan otras víctimas.

Una localidad muy castigada


La represión franquista fue especialmente cruenta en Dueñas, una localidad que en el año 36 tenía 3.000 habitantes y más de cien fueron asesinados.

Uno de los aspectos más llamativos fue la «despiadada represión» contra las mujeres, según Ángel Redondo, de la ARMH, quien relató a Ical que tuvieron que sufrir numerosas vejaciones. Fusilaron a 25, once de las cuales están en esta fosa.

Lágrimas al borde de una fosa común


Exhumación de tres represaliados en Quintanilla de Combarros, León.
Diario de León/M. Almanza/25-02-2009

«Me robaron mi infancia, me lo robaron todo». Con esta frase, y con sus ojos llenos de lágrimas, recordaba ayer Laureano Marcos en Quintanilla de Combarros, en el municipio de Brazuelo, cómo un grupo de falangistas mató a su padre, Higinio Marcos Pérez, en octubre de 1936, cuando él estaba a punto de cumplir tres años de edad. «No recuerdo nada de él», se lamentaba, mientras los restos de su progenitor, y de otros dos represaliados, empezaban a ser retirados de la fosa común en la que descansaban, en el cementerio civil del pueblo.

«Teníamos verdadera necesidad de sacarlo y de darle sepultura en el panteón familiar de Destriana», explicaba ayer Laureano Marcos mientras un nieto del represaliado, Victorino Marcos, afirmaba que la exhumación de los restos «es un descanso para la familia, pero no se ha hecho justicia, porque no la hay cuando te pegan un tiro».

José Manuel Revillo, nieto de Salvador Pérez Turrado, otro de los represaliados que yacía en la fosa, destacó: «Por lo menos ahora los familiares podremos tener una partida de defunción, como la gente normal». Los hijos de este paseado «tenían mucha necesidad de saber dónde estaba su padre, para poder darle una sepultura digna».

Junto a ambos, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) exhumó ayer los restos de un tercer vecino de Destriana, Tomás Martínez Prieto, asesinado, como sus compañeros, a finales de octubre de 1936. Durante los trabajos aparecieron monedas, pedazos de tela, piezas dentales y otros objetos que, según el vicepresidente de la ARMH, Santiago Macías, pueden ayudar a la confirmación de la identidad de los represaliados, cuyos cadáveres fueron calcinados. Macías expresó su confianza en que este hecho no afecte a la identificación, que estará resuelta en dos meses, afirmó.

Hijo de Fusilado en la Guerra Civil


Venancio Prieto: «Exhumar el cadáver de mi padre ha significado mucho para mi familia».

«Mi madre se pasó toda la vida llorando sin poder ir a llevar unas flores a la tumba. Nosotros no pedimos nada más».
Laopinióndezamora.es/M. BARRIO/19-12-2008

Hace más de diez años, el toresano Venancio Prieto pudo dar sepultura digna al cadáver de su padre, Marcelino, fusilado al inicio de la Guerra Civil con 29 años por ser el responsable de la Casa del Pueblo durante la República. Dejó viuda de 28 años y cinco hijos de entre 7 años y un mes. Dice que esta fue la primera exhumación que tuvo lugar en España, y se llevó a cabo no a través de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, sino porque por entonces era concejal del área del cementerio y, supervisando la realización de obras de mejora en este recinto, antes de que se cubriera con hormigón una de las zonas, pensó que merecía la pena comprobar si era verdad lo que hacía casi medio siglo le había contado el entonces enterrador y su madre nunca llegó a creer.

- ¿Qué le contó?
- Cuando tenía unos 7 años, sobre el año 40, fui al cementerio con un amigo, íbamos al tuntún, porque como en casa no había nada, andábamos buscando por si comíamos algo por algún sitio. Estábamos por el paseo central y el enterrador me preguntó qué hacíamos por ahí, y yo le dije que buscando a mi padre, me preguntó quién era y yo le dije: "Medero el que mataron". Yo se lo decía así a todos, porque me tocó ir por las casas a pedir comida o incluso un manojo de leña, y cuando me preguntaban de quién era, así les respondía. El enterrador me llevó a la sepultura 1 del cuartel de La Mayor y dijo: "ahí está tu padre". Me fui a casa tan contento y se lo dije a mi madre, cuando llegó después de embarrar por las casas, pero no se lo creyó nunca, primero porque decía que aquel enterrador era un canalla por cosas que había hecho, y segundo porque lo sacaron a fusilar el 28 de agosto del 36 junto a otros cinco y una vecina los vio en Zamora en el camión, aunque ellos no le dijeron nada, para que no vieran que los conocía; así que, hasta entonces no estaba claro dónde los habían fusilado.


¿Y nunca trataron de indagarlo?
- Había mucho miedo y cuando mi madre iba a sacar la fe de defunción, le daban la misma que a todas, y ponía que habían tenido que hacer una descarga contra ellos por revelarse en el primer badén de la carretera del cementerio. Sin embargo, ahora tenemos toda la documentación, nos la han dado los de la Asociación. Cuando estuvieron hace un par de años sacando otros cuerpos, los tres que tienen en el Anatómico en Madrid y otros, yo estaba en el cementerio, porque me avisaron, y uno de la asociación me dijo que tenía los papeles donde salían todos los datos de mi padre.

- ¿Cuándo ocurrió?
- Era albañil y estaba trabajando en la construcción de las escuelas de Allende y debió estar tres días sin salir de casa, porque le dijo a su madre que estaban perdidos, ya que la Falange estaba armada, pero después tuvo que salir a trabajar, porque si no no comían, y acto seguido le detuvieron. Estuvo en la cárcel catorce días, en el Alcázar. El sabía que los iban a matar, porque el día antes mi madre fue a llevarle la comida y le dijo, no vengas esta tarde, que esta noche voy para casa, y mi madre se echó llorar y le dijo: no vas a venir, te van a matar. Lo supo porque se quedó con la toalla, no se la dio para lavar, y cuando mi madre se la pidió le dijo que ya la llevaba él, pero mi madre sabía que se quedaban con ella para enrollársela por la cabeza cuando les ponían contra el paredón para fusilarles. Mi madre contaba que cuanto le decía que porqué tenía él que ocuparse de los otros si él ya tenía trabajo, él siempre le respondía: «y porque yo tenga trabajo, los demás que se mueran de hambre».

- ¿Cómo repercutió aquello en su familia?
- Mi madre se pasó llorando toda la vida y aquello fue, además, la muerte en vida de mi abuela. Al poco de fusilarle, salió un día a pasear con mi hermana, de poco más de un mes, envuelta en una toquilla y se encontró con tres hombres, dos de ellos hermanos, que días antes habían estado en casa preguntando si había una habitación para hablar con ella y mi abuelo les dijo: «miren ustedes, para hablar con ella pueden hacerlo aquí, que los padres somos arcas cerradas», porque lo que querían era abusar de ella. Aquel día estaban tirando octavillas por la calle y le metieron una de ellas por el pecho, para poderla tocar, porque ella no sabía leer ni escribir. Cuando se marcharon cogió el papel y lo tiró, pero la vieron, y volvieron y le sacaron la pistola. Ella lloraba siempre, y nosotros la veíamos, nos agarrábamos del mandil y también llorábamos. Aquello fue horroroso. A los niños, en el colegio, por ser hijos de rojos, nos sentaban aparte y ni nos dirigían la palabra, ni los otros compañeros ni los maestros, aunque tuvimos uno que nos daba clases a escondidas por las tardes.

- ¿Cómo recuerda el momento de la exhumación?
- Fueron sacando restos, en los cráneos había agujeros y dos de ellos, por la postura, se sabía que murieron sentados. Luego fueron sacando objetos: un compás, un mechero de alcohol, unas gafas, una petaca y una cartera, que tenía fotos y que se iban deshaciendo, y también sacaron un rebujón de tela con algo duro, que resultó ser un reloj, pero no se veían las iniciales. En ese momento estaba allí un relojero y me dijo que lo iba a limpiar. El día de Nochebuena fui a por él, y cuando el relojero me hizo una señal de que eran las de mi padre, no fui capaz de cogerlo, me caían las lágrimas de impotencia. Estaba parado a las diez de la mañana. Tuve que decirle a mi hermano mayor, que es quien lo tiene, que fuera a por él. A mi madre siempre le había oído decir: «algún canalla se quedaría con él».

- ¿Qué significó para usted?
- Ha significado para mí y todos mis hermanos, que vienen el Día de los Santos desde de Bilbao, San Sebastián o Valladolid, donde viven, y depositamos unas flores en la sepultura donde metimos a mi padres y a los otros dos, y nadie pide nada más.

- ¿Es de los que piensa que si no se abren las fosas no se cerrarán las heridas?
- Si no se hace así, no se cerrarán jamás. Sólo se pide poder tener una sepultura donde ir a llorar, a poner unas flores. Yo cuando oía que habían aparecido fosas comunes en Argentina o Chile me ponía malo, porque pensaba en que aquí teníamos a los muertos tirados por las cunetas y los montes y no se estaba haciendo nada.

«Zapatero no tenía que haber pasado la patata caliente»

- ¿Cómo valora que el Gobierno haya delegado en las autonomías el tema de las exhumaciones?
- Zapatero no tenía que haber pasado la patata caliente, tenía que haber sacado un decreto y haber apoyado a la Asociación para desenterrar todos los cuerpos, porque ellos no tienen dinero para hacerlo y nosotros no pedimos nada más que poder darles una sepultura digna. Cuando estuvieron por aquí los de la Asociación, se sacaron muchos restos -yo había avisado a unas cuantas familias a los que les habían matado a alguien y dos hermanas reconocieron incluso las zapatillas de cáñamo de su padre- y se metieron en tres ataúdes, y la sepultura es la que más flores tiene durante todo el año. La Ley de la Memoria Histórica se ha quedado muy corta. Uno puede entender que no se hiciera algo más en la Transición, pero no 30 años después y Garzón ha sido muy valiente, pero no tiene apoyo.

LOS RESTOS DE LOS FUSILADOS EN LA MINA VUELVEN A CASA


Los alcaldes de Alburquerque, Villar del Rey y San Vicente de Alcántara recogen mañana las cenizas de las personas asesinadas en Valdihuelo.
Hoy.es/CELIA HERRERA/22-12-2008

MAÑANA, víspera de Navidad, ellos también volverán a casa. Eran 30, 60, o 117 personas, hombres y mujeres, la mayoría jóvenes. Uno de ellos tenía sólo 14 años, otro, apenas un año de edad.

Fueron sacados de sus hogares por la fuerza y han permanecido más de 70 años en el interior de la mina de Valdihuelo (San Vicente de Alcántara). Sus restos serán incinerados mañana todos juntos en el crematorio del cementerio nuevo de Badajoz, y luego regresarán en forma de cenizas a sus pueblos de origen.

Por mucho que los paleopatólogos de la Universidad de Extremadura han estudiado los restos, hueso por hueso, no se sabe con certeza cuántos de los que fueron detenidos en las noches de verano de 1936 en los pueblos de Alburquerque, San Vicente de Alcántara y Villar del Rey terminaron sus días arrojados de cualquier manera en el interior de la mina de Valdihuelo, en realidad una cata minera en forma de pozo, de 12 metros de profundidad.

Los estudios historiográficos estiman que fueron 62 personas, aunque los informes de los paleopatólogos hablan de un mínimo de 30 cuerpos y un máximo de 117. Sus restos, custodiados en la Facultad de Medicina de Badajoz, apenas llenan ahora el interior de una caja del tamaño de un ataúd.

Los huesos, que permanecían custodiados en la Facultad de Medicina, serán incinerados todos juntos por deseo expreso de las familias y el acuerdo de las instituciones y los municipios de origen. Los cuerpos habían permanecido así durante todo este tiempo, mezclados, en la oscuridad y el silencio de la mina, y juntos seguirán. La corrosión y la humedad los dañaron de tal forma que resulta imposible cualquier intento de identificación individualizada.


Tras la incineración, las cenizas serán colocadas en tres urnas distintas que serán recogidas en el lugar por los alcaldes de los tres pueblos que se vieron unidos por el triste destino de sus antiguos vecinos: Andrés Hernáiz (San Vicente de Alcántara); Ángel Vadillo (Alburquerque); y Eduardo Durán (Villar del Rey).

El proceso, cargado de simbolismo, será seguido por responsables de asociaciones de la Memoria Histórica y familiares de algunos de los que fueron arrojados a la mina.

«Cuando no encontramos razones materiales exactas, proponemos símbolos, y en esta historia pasa eso. Como no hay anatomías completas que devolver a las familias, hay que hacer un símbolo, porque el hombre es un animal simbólico que sigue pensando en la trascendencia de la muerte», explica Cayetano Ibarra, coordinador del Proyecto de Recuperación de la Memoria Histórica.

San Vicente

Andrés Hernáiz se muestra muy satisfecho con la celebración de este acto que pone y punto final a la larga intervención llevada a cabo en Valdihuelo, que empezó a excavarse en 2005.

En su opinión, la solución de incinerar juntos los restos de vecinos fusilados de varios pueblos y luego devolver las cenizas a sus localidades de origen puede servir de ejemplo en otros lugares.

«El espíritu de este acuerdo alcanzado entre las familias y los municipios implicados es muy bueno. La solución tomada es una decisión compleja que costó muchas horas de reflexión y de conversación», explica el alcalde.

En San Vicente de Alcántara ya está todo preparado para recibir las cenizas. En el cementerio, sobre el lugar en el que se cree que está la fosa común de los que fueron fusilados allí, se ha construido un monolito en el que se colocará la urna.

En el monumento se escribirán los nombres de todos los represaliados para que sus familiares y amigos tengan un sitio en el que poner flores y recordarles. «Darles un enterramiento digno era una cuestión pendiente», reconoce Hernáiz.

Alburquerque

En Alburquerque las cenizas permanecerán custodiadas en el Ayuntamiento durante varios meses, hasta la primavera.

El pueblo ha decidido esperar a Rosa Casanovas Roca, la primera persona que rompió el silencio que pesaba en Alburquerque sobre el paradero de los desaparecidos durante la Guerra Civil, y que exigió que se abriera la mina para recuperar los restos de su madre, Serafina Roca Solana que, cuando desapareció, tenía 36 años, y estaba embarazada de seis meses.

Rosa Casanovas, que vive ahora en Gandía, tenía ocho años. «Desde entonces, toda mi vida he tenido en el corazón la obsesión de encontrar a mi madre».

Serafina Roca era una ama de casa, «que sólo se ocupaba de sus hijos, y que nunca entró en cuestiones políticas». Estaba casada con el que era entonces alcalde de la localidad, Martín Casanovas. Cuando llegaron los Nacionales, y sabiendo que habría represalias, el alcalde huyó convencido de que no les pasaría nada a su esposa y a sus dos hijos.

Pero sí pasó. A pesar de su avanzado estado de gestación, fusilaron a Serafina y sus dos hijos quedaron solos en el pueblo, ya que carecían de familia que se hiciera cargo de ellos.

Primero fueron acogidos por los guardianes de la fábrica de su padre, y posteriormente sufrieron un largo periplo hasta que pudieron volver a reencontrarse con su progenitor en París, cuando había terminado la II Guerra Mundial.

Ahora, después de toda una vida esperando ese momento, Rosa no podrá acudir el martes al acto de incineración de los restos de su madre por motivos familiares y de salud. Sin embargo, en reconocimiento a sus esfuerzos, el Ayuntamiento de Alburquerque no procederá al entierro oficial de las cenizas hasta que ella pueda estar presente.

Villar del Rey

En Villar del Rey también esperan las cenizas de los siete vecinos que se cree que fueron arrojados a la mina: Francisco Melara Acosta, Pedro Prudencio Pacheco, Bonifacio Barroso Carballo, Miguel Cano Palacino, Ángel Castaño Robles, Josefa Vivas López y Manuela Muñoz Santo.

El alcalde de la localidad, Eduardo Durán, anuncia que su colocación en el monolito que se erigirá en el cementerio se aplazará hasta que reciban los resultados de las pruebas de ADN que se han realizado a los descendientes de otros represaliados que fueron arrojados en otro paraje, una fosa común situada en el conocido puente de Los Cinco Ojos, oficialmente denominado puente Zapatón, a cinco kilómetros de la carretera de Aliseda.

Aunque se tiene noticia por diversos testigos de los hechos de que a la fosa fueron arrojadas siete personas, de las que se conocen sus nombres y apellidos, al tratarse de un enterramiento muy poco profundo, los huesos encontrados son escasos y muy amalgamados. En la fosa sí aparecieron un crucifijo, pendientes y un espejo que se cree que pertenecían a la mujer que se sabe fue allí fusilada, Olalla Manso Serra.

Más pruebas de ADN

Con el objetivo de dilucidar a quiénes corresponden los restos, se han practicado también pruebas de ADN a los descendientes de los únicos cuatro fusilados de los que aún quedan familiares directos conocidos: Antonio Bueno García, Ezequiel Melara Acosta, Dionisio Pérez Núñez, y Carlos Rodríguez Durán. Cuando lleguen los resultados de las pruebas, el Ayuntamiento organizará un acto simbólico de sepultura para todos los restos de los vecinos represaliados encontrados hasta el momento. Aunque un monolito recordará todos sus nombres, el Consistorio ofrecerá nichos particulares a los familiares que deseen disponer de una sepultura individual.

La excavación de la mina de Valdihuelo fue la primera que se hizo en Extremadura bajo la dirección del Proyecto de Recuperación de la Memoria Histórica, que en el año 2005 estaba en pleno proceso de gestación.

Primer campo de trabajo

Debido a la escasez de medios y de experiencia, todas las dificultades que planteó la intervención en un pozo de 12 metros de profundidad se fueron abordando sobre la marcha, recuerda Ibarra.

Fue la primera vez que se organizó un campo de trabajo para la excavación de la fosa, que fue dirigida por el paleopatólogo Diego Peral y el historiador Ángel Olmedo. También intervinieron la arqueóloga Inmaculada López y el forense Mariano Casado.

La mayor dificultad, aparte de los trabajos de rescate de los restos, para lo que hubo que bajar al principio con máscaras de oxígeno, fue la clasificación de los huesos, ya que estaban muy deteriorados y mezclados con osamentas de animales.

Tras arrojar los cuerpos al interior de la mina, los autores de los fusilamientos tiraron también dentro varias granadas, algunas de las cuales no explotaron, y tuvieron que ser detonadas 70 años por la Guardia Civil durante las tareas de excavación.

Durante los años siguientes se arrojaron al interior numerosos cuerpos de animales, cuyos restos terminaron mezclándose con los de los humanos. La humedad y el paso del tiempo hicieron también su trabajo de destrucción, por lo que no se pudo plantear la realización de las pruebas de ADN.

En realidad, la apertura de la mina en el año 2005 no sirvió en principio para cerrar heridas ni devolver el sosiego a las familias. La mayoría sólo quería recuperar los cuerpos para darles digna sepultura, y la espera fue demasiado larga.

«En el tiempo que siguió a la excavación de la mina hubo mucho malestar entre los familiares porque nadie les explicó que nunca recuperarían los cuerpos, porque era imposible», reconoce Cayetano Ibarra. Ahora se les dará sus cenizas, y lo que es casi más importante para la Memoria Histórica, sus nombres constarán en los cementerios de sus pueblos como los de todos los muertos que descansan hace tiempo en paz.

GARZÓN ORDENA EXHUMAR DEL VALLE DE LOS CAÍDOS A OCHO FUSILADOS


El magistrado autoriza la primera recuperación de cuerpos de víctimas de la Guerra Civil enterrados en el mausoleo sin consentimiento de sus familiares.
El País/NATALIA JUNQUERA - Madrid - 06/11/2008

El juez Baltasar Garzón ha autorizado la exhumación de los cuerpos de ocho republicanos, siete hombres y una mujer, que fueron enterrados sin el conocimiento ni el consentimiento de sus familiares en el monumento que Francisco Franco levantó para conmemorar su victoria y homenajear a los muertos del bando nacional. Es decir, la exhumación de "la caja colectiva o columbario 198, piso 1º, de la Cripta derecha y caja individual 10.672, piso 1º, Cripta África de la Basílica del Valle de los Caídos".

"Vamos a recuperar a mi padre, a mi tío y a los otros seis fusilados de Pajares de Adaja. Estoy muy contento. Poco a poco, se van cumpliendo nuestros deseos", explicó Fausto Canales, de 74 años, hijo de Valerico y sobrino de Fidel, dos de los ocho republicanos cuyos cuerpos "robó Franco". "Le voy a pedir a los expertos -el equipo de siete especialistas que Garzón ha pedido que le asista en la causa- que elabore un proyecto de exhumación en el Valle de los Caídos. Sé que se van a plantear dificultades, pero esto no debe ser distinto a cualquier otra exhumación", añadió.

Recuperar los restos del mausoleo no va a ser fácil. Tras la puerta que preside la inscripción "Caídos por Dios y por España 1936-1939", hay un sinfín de nichos -los expertos estiman que entre 40.000 y 60.000- inaccesibles. Canales lo comprobó con sus propios ojos en su penúltima visita al Valle de los Caídos -sólo volverá para llevarse a los suyos a casa, dice-. "Las zonas de columbarios están selladas con chapas de mármol y no son accesibles, pero no es difícil, me pareció, adivinar dónde estaban las puertas de entrada de acceso a ellos", explicó. El mármol no es el único problema. "El benedictino que me señaló el lugar exacto", añadió Canales, "me manifestó que no era partidario de sacar los restos de allí".

En la caja colectiva que Garzón ha autorizado a recuperar del Valle de los Caídos están Valerico Canales, Celestino Puebla, Emilio Caro, Flora Labajos, Pedro Ángel Sanz, Román González y Víctor Blázquez, miembros de la Casa del Pueblo de Pajares de Adaja (Ávila). Fueron fusilados el 20 de agosto de 1936 por un grupo de falangistas, arrojados a un pozo en desuso en Aldeaseca, un pueblo cercano, y desenterrados 23 años después por un grupo de hombres, que siguiendo órdenes de la misma autoridad que había determinado su muerte, desenterró a los siete republicanos y los trasladó al Valle de los Caídos cuando faltaba un mes para inaugurar el monumento. La caja individual corresponde a Fidel Canales, que murió en el frente y estuvo enterrado en el cementerio de Griñón (Madrid) hasta que el 30 de diciembre de 1968 se depositaron sus restos en el Valle de los Caídos.

Acabaron allí porque muchas viudas de soldados franquistas no autorizaron el traslado de los restos de sus maridos al monumento de Franco. El régimen necesitaba cuerpos para alimentar aquella enorme cripta, cuya construcción se demoró 20 años, y el Ministerio de la Gobernación los pidió por carta a ayuntamientos de toda España, rogando además, que respondieran "con la mayor brevedad posible". Muchos municipios contestaron que no tenían muertos del bando nacional, pero sí "fosas del ejército rojo". Y Franco cambió su criterio inicial.

El equipo de expertos inicia su labor

El equipo de expertos al que el juez Garzón ha pedido que desarrolle las labores de búsqueda y localización de víctimas de la Guerra Civil y la dictadura para atender las peticiones de sus familiares "en un plazo razonable" se reunió ayer por primera vez con el equipo de policía judicial para decidir, entre otras cosas, por dónde empezar. La primera tarea será digitalizar toda la información que las asociaciones de memoria histórica han ido aportando al juez. "El Ministerio de Justicia va a facilitarnos una aplicación inteligente, es decir, un programa informático que se llamará Memoria Histórica, para ordenar toda esa información. Nos han dicho que puede estar listo en un mes", explicó Fernando Magán, abogado de los denunciantes.

A la reunión asistieron cinco de los siete expertos del grupo: los historiadores Francisco Espinosa y Queralt Solé, el médico forense Francisco Etxeberria, el ex presidente de la Audiencia de Barcelona Antonio Doñate y Manuel Escarda, médico forense que sustituye a la historiadora Maribel Brenes en el grupo. Al encuentro en la Audiencia Nacional, no pudieron asistir el ex fiscal anticorrupción Carlos Jiménez Villarejo (designado por Garzón) ni el historiador Julián Casanova (elegido por las asociaciones), en Washington.

Los expertos utilizaron la reunión para definir sus primeras necesidades. De momento, les han pedido que guarden las facturas de sus desplazamientos.

El soldado, el fotógrafo y la muerte


REPORTAJE: Un icono de la Guerra Civil
Unos contactos disipan dudas sobre la autenticidad de la célebre imagen de Capa
ANTONIO JIMÉNEZ BARCA - Madrid - 05/10/2008

El 5 de septiembre de 1936, un mes y medio después de que comenzara la Guerra Civil, un miliciano anarquista de 25 años, algo bravucón, murió en un cerrillo cordobés de un balazo disparado por un francotirador marroquí. A muy pocos metros, metido en una trinchera, un fotógrafo húngaro de 23 años que nació con un dedo meñique de más, simpático, mujeriego y valiente, disparaba su cámara en el mismo segundo, apuntando al mismo soldado. El miliciano, Federico Borrell, murió en el aire; el fotógrafo, Robert Capa, se escondió en la trinchera sin saber que acababa de hacer la foto más famosa de la Guerra Civil y se volvió a levantar poco después para, jugándose el pellejo, retratar a otro anarquista que también moriría en el mismo sitio un minuto después.

No se sabe dónde está enterrado el miliciano Federico Borrell
La fotografía de Borrell, conocida a partir de entonces como El soldado caído, estaba destinada a convertirse en un icono de la Guerra Civil y de cualquier guerra gracias a su incomparable potencia simbólica. También a arrastrar la duda de haber sido falseada, debido, entre otras cosas, a su extraña y visceral perfección, a su oportunidad inaudita al retratar el instante mismo de la muerte del soldado en un soleado páramo español.

Una exposición que será inaugurada el 17 de octubre en Londres bajo el título de Esto es la guerra, Robert Capa trabajando, aporta nuevas fotografías encaminadas a zanjar la cuestión. Una de ellas es reveladora: muestra el cadáver del segundo miliciano retratado por Capa, tendido en el cerro. El contacto fue encontrado hace un par de años por el biógrafo oficial de Robert Capa, Richard Whelan, junto con otras decenas de negativos perdidos hasta entonces pertenecientes a la desordenada herencia del fotógrafo. Gracias a estos contactos se sabe ahora mejor lo que ocurrió antes y después de la foto en aquel atardecer en Cerro Muriano.

Federico Borrell García, Taino, había nacido en Benilloba, un pueblo de la sierra alicantina. Fue el quinto de seis hermanos de una familia pobre. Su padre, Vicente Borrell, Batallón, labrador, murió cuando Federico contaba seis años. La madre, María García, La Taña, decidió emigrar a la cercana e industriosa Alcoy con toda la prole cuando consiguió un trabajo de criada. Federico aprendió a leer y a escribir y se hizo tejedor. Como otros muchos jóvenes de la zona, también era anarquista. Era presumido, echado para adelante, amigo de figurar. Tenía los pómulos muy marcados, un rasgo físico peculiar que compartía con su padre y su hermano. El concienzudo y tenaz historiador local Miguel Pascual ha reunido ésta y otras informaciones tras rastrear archivos de Alcoy y preguntar a los testigos o recordar lo que éstos dijeron en su época. "Mi abuelo le conoció", explica Pascual Mira, "y me contaba que Taino era algo alocado".

El 1 de septiembre, días después de asaltar el cuartel de Infantería de Alcoy y hacerse con armamento ligero, munición y correajes, una columna miliciana anarquista compuesta por unos 300 hombres parte hacia el frente andaluz, dispuestos a colaborar en el intento republicano de contener a las tropas del general Varela, acuartelado en Córdoba. Entre ellos figura Taino. La vida le va bien por entonces: está a punto de casarse con su novia Marina. Ha dejado guardado en Alcoy un traje recién comprado para la boda. En la columna va también su hermano Evaristo, cinco años menor, y un adolescente llamado Mario Brotons que con el tiempo jugará un importante papel en esta historia.

Taino y sus compañeros suben a Cerro Muriano, una aldea situada a pocos kilómetros de Córdoba al amanecer del día 5. Se despliegan por el terreno, ocupan las trincheras. No hay que pensar en un ejército organizado, bien armado y coordinado, sino más bien en un puñado de "civiles con escopetas", en expresión del historiador Francisco Moreno Gómez. Sus oponentes sí componen un ejército profesional con experiencia.

Ese día, el general Varela inicia una ofensiva por la sierra cordobesa. Los cañonazos que resuenan demasiado cerca aterrorizan a los habitantes de Cerro Muriano, que salen de sus casas y escapan a la carrera en busca de un lugar más seguro. A la hora de la siesta, cuando por el flanco izquierdo del frente avanza en silencio una columna nacional de marroquíes bajo el mando del coronel Sáenz de Buruaga, los milicianos de Alcoy reciben una visita inesperada. "Aquel día llegaron a Cerro Muriano al menos tres vehículos de periodistas", escribe Moreno Gómez en su libro 1936, el genocidio franquista en Córdoba (Crítica), que se publicará este mes. En uno de los coches viaja Robert Capa y su novia, la también fotógrafa de guerra Gerda Taro.

El frente está tranquilo a esa hora. Capa aprovecha para captar a un grupo de milicianos en una trinchera, con los fusiles en alto, saludando. El hombre de la camisa clara de la izquierda que sonríe mirando hacia un lado es Federico Borrell y morirá en un rato. El tercero por la izquierda, con bigote, también.

A partir de aquí las versiones no coinciden. El historiador Gómez Moreno, basándose en un detallado estudio de los movimientos de tropas, concluye que Taino y los suyos se vieron sorprendidos por el ataque de los regulares de Sáenz de Buruaga y que acudieron, corriendo ladera abajo, a taponar el flanco. "Todo un negro panorama que hace impensable que Robert Capa tuviera ni tiempo ni oportunidad para ensayar fotomontajes", afirma. En la batalla muere Borrell.

El biógrafo oficial del fotógrafo, Richard Welham, fallecido en 2007, en un artículo publicado tres años atrás en la revista Aperture, reconstruye esa tarde de una forma un poco diferente. Este estudioso coincide en situar la llegada de Capa y el resto de los corresponsales al inicio de la tarde. Como la zona estaba tranquila, Capa convence a los milicianos para que posen para él con sus armas. Éstos se prestan. Y desarrollan varias maniobras de avance en grupo, de salto de trincheras, de tiro.... Los 40 negativos expuestos ahora en la exposición de Londres así lo confirman. Cynthia Young, responsable de la exposición y que ha examinado cuidadosamente todas las fotografías añade: "Es evidente que mientras Capa y Taro hacen las fotografías no están en el corazón de ninguna batalla".

Pero estas maniobras aparentemente inofensivas atrajeron al enemigo. O, de creer al historiador Moreno Gómez, fue entonces cuando llegó la columna de Sáenz de Buruaga. El caso es que el ejercicio se volvió trágico. Welham lo ha reconstruido así: Capa se encontraba en una hondonada o una trinchera. Al pie de ella, estaba Federico Borrell. A unos metros a su derecha, el otro miliciano de bigote. Es en ese preciso momento cuando una bala impacta contra Taino. Capa se agacha en la trinchera. El miliciano de bigote, que jamás ha sido identificado, se pone de rodillas para ofrecer menos blanco, coge a Borrell por las axilas y, ayudado por sus compañeros, conduce a Federico a la trinchera. Después, cuando está recogiendo su fusil, es abatido a su vez, casi en el mismo sitio que Federico. Capa retrata también ese momento. Y asimismo, su cadáver, en una tercera foto que no se había visto hasta ahora.

Al día siguiente, el hermano pequeño, Evaristo Borrell, dejaba el frente y regresaba a Alcoy para informar a sus hermanas de que Federico había muerto. Su hija, Empar Borrell, la sobrina de Federico, recordaba el lunes pasado que su padre guardó para siempre una idea particular y penosa de ese día de guerra: "Ya no se volvió a presentar voluntario. Es más, siempre nos aconsejó que no nos presentáramos voluntarios para nada en la vida". Años después, Evaristo se casaría con el traje de boda que Federico había dejado sin estrenar. "Por entonces había muy poco dinero y no era cosa de desaprovecharlo", explica Empar con una sonrisa. El rastro de la novia de Federico se desvaneció para siempre: "De Marina no sabemos qué vida llevó o qué hizo: mi padre perdió el contacto para siempre".

También el rastro de la historia de Federico y de Evaristo y de la columna anarquista de Alcoy se fue perdiendo salvo para los familiares y los historiadores locales. Mientras tanto, la foto del miliciano se convertía en un icono planetario y se reproducía en todas las revistas y periódicos del mundo. También de Alcoy. Un día, Mario Brotons, aquel adolescente que con 14 años había luchado en Cerro Muriano, convertido ya en un hombre de 75 y tras escribir un libro en el que relataba su aventura en la columna anarquista, Retazos de una época de inquietudes, aseguraba que su paisano Taino era el miliciano derrumbado en la foto. La madre de Empar, la cuñada de Federico, que aún vivía entonces, lo confirmó. El biógrafo Welham lo dio por bueno.

Con todo, El soldado caído sigue concitando interpretaciones encontradas. Hay dos documentales que lo corroboran. Uno de ellos, Los héroes nunca mueren, estrenado en 2004 y dirigido por Jan Arnold, reconstruye los hechos acaecidos en Cerro Muriano y localiza el lugar exacto en el que Borrell caía abatido, denominado Cerro de la Coja. Arnold no cree que la foto de Capa sea un montaje: "Él estuvo en muchas guerras, muy cerca de la línea de fuego. Y jamás tuvo necesidad de falsear ninguna foto. No entiendo por qué lo tenía que hacer entonces".

El otro documental, La sombra del iceberg, dirigido por Hugo Doménech y Raúl M. Riebenbauer y premiado en 2007 en el Festival de la Ciudad de México, cuestiona tanto la veracidad de la foto como el hecho de que sea Taino el que aparece en la imagen. También el historiador Miguel Pascual, basándose en sus propias investigaciones, está convencido de que la foto es un montaje y de que Borrell murió en otro momento de la batalla.

Young, la organizadora de la exposición, cree que la polémica no acabará jamás. A pesar de la aparición de los nuevos negativos que se exhibirán a partir del día 17. A pesar de la foto del cadáver. "Que haya gente que desconfíe es inevitable. No se ha encontrado la secuencia entera de los negativos. Tal vez se perdió. Tal vez no aparezca nunca. O sí. Pero lo que hay de nuevo da información relevante, que corrobora lo que sostenía el biógrafo Whelan".

No se sabe dónde ni quién enterró a Federico Borrell. No hay ninguna inscripción en ningún registro. Lo más seguro es que su cuerpo, junto con el del segundo miliciano, estén en el cementerio de Villaharta, a pocos kilómetros de Cerro Muriano, donde acabaron muchos cadáveres de la batalla. De ser así, de ser todo cierto, ahí se encontrará también la bala que atravesó su corazón en el instante mismo en que Capa apretaba el obturador de su cámara Leica.


Para ver las Fotos LA SECUENCIA DE LA MUERTE.

MEMORIA HISTÓRICA: HERIDAS DE GUERRA



Miles de nietos buscan bajo el suelo de España los cuerpos de sus abuelos, enterrados en fosas comunes después de haber caído durante la Guerra Civil o asesinados por el franquismo.
Lanación.com(Argentina)/5-10-2008

IZAGRE, ESPAÑA .- Dentro de seis meses se cumplen setenta años del fin de la Guerra Civil Española (1936-1939), que provocó un horror acallado durante décadas y que se mide en cientos de miles de muertos. Aún hoy no hay cifras ciertas.

La evocación dista mucho de ser de las preferidas en el discurso público. Sin embargo, su momento se aproxima con el mar de fondo de una fuerte ola de revisionismo que, si bien empezó de forma tímida, aumenta en ruido y espectacularidad con el paso de las semanas.

Ya cobró fuerza hace un año, con la sanción de la controvertida Ley de Memoria Histórica, impulsada por el gobierno socialista, que busca reparar los derechos de las víctimas de la guerra civil y del franquismo. Pero ganó estruendo hace pocas semanas, con el anuncio de la próxima exhumación del cadáver de Federico García Lorca, símbolo colectivo de la represión de aquellos años.

El giro, asociado a una sonora irrupción del juez Baltasar Garzón, se convertirá en la primera intervención estatal directa en la tarea de cavar para encontrar a los muertos.

Y, de paso, pondrá luz sobre la historia negra que, alimentada en años de pertinaz resistencia de los García Lorca, sostiene que el poeta ya no está en fosa común. Que habría sido rescatado merced a una secreta negociación con el ex dictador Francisco Franco (ver nota aparte).

Menos conocido es lo que late por debajo y que constituye, tal vez, el más reciente fenómeno social derivado de aquellos años de contienda: la silenciosa, desordenada e imparable marea de nietos que cava por la península para rescatar del olvido a sus abuelos, asesinados sin testigos y lejos del frente de guerra.

Buscan a hombres y mujeres a los que no conocieron, pero que aprendieron a respetar a través de los relatos que de ellos escucharon. "Durante años, este país vivió con terror. Fue el terror el que, durante todo este tiempo, impidió no sólo abordar esta cuestión sino, siquiera, hablarla. Hoy eso no lo sienten los nietos", dice el historiador Julián Casanovas.


En las cunetas

Indiferentes a lo que, en definitiva, resuelva el juez Garzón; y sordos al discurso político que previene contra el temor a que la búsqueda reabra "heridas del pasado", que "alimente la venganza" y que "ponga en riesgo el futuro", los nietos cavan por esos familiares.

"En los últimos ocho años hemos exhumado 167 fosas y recuperado 4041 cuerpos", dice Emilio Silva, presidente de la Asociación Para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH).

La entidad, hoy sumamente activa, nació en octubre de 2000, cuando Silva se propuso rescatar a su abuelo, en cuya identificación fue vital una muestra de ADN que viajó desde la Argentina, donde habían emigrado los familiares del extinto.

¿Cuánto trabajo queda por hacer? Nadie lo sabe. "Creo que hay no menos de 25.000 personas en las cunetas", dice Casanovas, uno de los historiadores que más ha escrito sobre el tema.

Su estimación palidece ante los más de 130.000 nombres de personas asesinadas que citan documentos presentados a Garzón. (El término excluye a aquellos que fueron fusilados tras juicio sumario o muertos en frente de guerra).

Palidece, también, ante las "miles de fosas comunes en toda España" de las que, ante LA NACIÓN, habla Felipe Alonso, de la Asociación de Estudios sobre la Represión en León (AERLE).
La entidad cuenta con la simpatía del padre de José Luis Rodríguez Zapatero, Juan Rodríguez García-Lozano. A ella ha dado testimonio sobre el asesinato de Juan Rodríguez Lozano, el abuelo republicano citado, en varias ocasiones, por el presidente del gobierno. Su ex prisión, que fue la de otras 16.000 personas, es hoy, sin embargo, un suntuoso hotel (Ver aparte).

Queda cerca de aquí, de esta pequeña localidad leonesa de apenas 80 habitantes, que durante siete décadas durmió junto a dos fosas y junto al espanto de sus fantasmas. Es el poblado al que llegó LA NACION para acompañar el proceso de exhumación de "represaliados" de la Guerra Civil, el fenómeno que lleva a nietos anónimos a cavar por sus abuelos de triste muerte.

¿Cómo es ese pulso de reivindicación al que no le importa lo que diga la autoridad ni el juez?
Entre otras cosas, llamó la atención la desconcertante naturalidad con que el pueblo asistió a la exhumación -la gente llegaba con canasta de sándwiches y los niños jugaban con la tierra que removía la excavadora. "Hay quienes no les parece bien esto de las excavaciones, pero la mayoría lo ve bien y quiere ayudar", dijo a LA NACION el alcalde, Enrique Santervaz.

Más aún sorprendió el hecho de que, para localizar el sitio, sirviera de guía la memoria de ancianos que, en el pasado, se habían enfrentado en los dos bandos de la brutal contienda. Y que hoy, juntos, compartieran el tabaco y la charla y se asomaran con sus bastones al pozo del que, juntos, pudieron rescatar los cuerpos de 22 infelices. Y con ellos, una parte de su propio pasado.

"Son seres humanos", se emociona Claudio Puertas. El fue soldado del bando nacional; tiene 91 años y hace gala de vitalidad y memoria para señalar, con bastante aproximación, el sitio en el que -hace siete décadas- vio enterrar a once personas: diez hombres y una mujer. "¡Había que ver lo que hicieron con ellos!", lamenta.

A su lado se sienta José Pérez Guayo, de 86 años. Es uno de los pocos hijos que, entre tanto nieto, busca a un fusilado. En este caso, a su padre, un albañil que era militante sindical. La última vez que lo vio con vida fue el 19 de septiembre de 1936. Se lo llevaban en un camión y a él lo amenazaron si intentaba seguirlos en bicicleta. "Yo quisiera encontrarlo y morirme en paz", dice.

Lo escucha Don Claudio, su ex adversario, mientras la tarde pasa y la vida, junto a la fosa, se anima. Llega más gente que exprime recuerdos y tira de la historia en un colosal esfuerzo por ordenar las piezas de un puzzle enorme y sangriento. Es lo más parecido a una reconciliación.

-¿Este trabajo es posible gracias a la Ley de Memoria Histórica?, pregunta LA NACION.
-No, ¡qué va! Esto empezó mucho antes. Y, en este caso, estamos aquí porque el dueño del campo nos dio permiso. Y nada más, contesta Marco Antonio González, de la ARMH, uno de los nietos que cavan.

Lo hace a sabiendas de que, con su abuelo, no habrá suerte: está en otro sitio, pero, sobre él, hay ahora "una ruta y dos restaurantes", dice.

"Al final, se desenterrarán menos cadáveres de los que se buscan, porque muchas de las fosas han desaparecido para siempre, sepultadas por el crecimiento urbano y el paso del tiempo", dice Casanova. No es el caso de este campo, donde no hay nada que ayude a identificar un entierro.

"Aquí hay algo"

La pala avanza, pero no pasa nada. Huele a tierra húmeda. El dueño del campo no es del pueblo, se llama Juan Antonio Pérez y lo arrienda desde hace quince años. "En todo este tiempo, nadie me habló jamás de la fosa común, hasta que vino esta gente, pidió permiso y, por supuesto, les dije que sí", cuenta. "Jamás nada me hizo sospechar", añade. Y habla así del espanto bajo esa tierra en la que hoy, con subsidios de la Unión Europa, él trabaja cereales y un girasol que, este año, viene mustio. No hay más autoridad ni funcionarios junto a la máquina excavadora.

Por la noche, todo queda solo, con la misma quietud de entonces. La excavación lleva ya tres días y 200 metros de zanja sin que nada aparezca. Y, sin que nadie se atreva a sincerarlo, late el temor de que allí no haya nada. "O, peor aún, de que estemos sentados sobre ellos y no podamos verlos", dice otro, con un escalofrío, que hace ponerse de pie.

"¡Aquí hay algo!", grita la arqueóloga. Todo se paraliza y es silencio, salvo el viento, que trae el mismo olor de la tierra mojada. El "algo" resulta ser un par de anteojos, la evidencia de que allí mismo están los cuerpos. A partir de ahora, no más máquina: todo el trabajo será manual y muy lento, acariciando la tierra que todo lo vuelve marrón, como una arcilla para que cobre forma la historia de los muertos.

Explota una mezcla de emociones: hay quien llora, quien se alivia, quien ríe. "Es lo que suele ocurrir en situaciones de duelo retardado", dice Raúl de la Fuente, de Sicólogos Sin Fronteras.

Para los familiares que allí esperan llega, por fin, el adiós debido. Un adiós por el que esperaron 70 años.
Por Silvia Pisani

"Me he reencontrado con mi hermana"

ESPAÑA .- Ha esperado por esto durante 71 años y creyó que jamás llegaría. Pero llegó y, por eso, con tanta serenidad como alegría, Josefina Alonso Ruiz cuenta que, junto a la fosa, acaba de "reencontrarse" con su hermana, María, la que le enseñó a leer. Y que llevaba años enterrada en la cuneta, junto a la ruta, desde que, en febrero de 1937, se la llevaron para fusilarla."

¡Mira mi mano! ¿Ves el anillo que tengo? Lleva, como piedra, el aro que hacía juego con el de mi hermana María y que el día que la mataron no pudo ponerse porque tenía una oreja mala", dice esta mujer de 89 años, mientras estira el anular.

El anillo que la víctima desechó por culpa de una oreja infectada y que quedó en la casa familiar se convirtió, con los años, en la sortija con que la hermana menor recordó a la asesinada.

Y hace pocas semanas, cumplió una nueva función; la de herramienta vital para la identificación en la fosa. Es que, allí, en el fondo, junto a la calavera de María estaba, intacto, el aro solitario que hacía juego con el que ella lleva en su dedo.

"Se reencontraron los aros y nos reencontramos y nos reencontramos mi hermana y yo", dice Josefina.

-¿Es un día triste?
-No, es un día feliz. La pena es que no haya podido verlo mi madre, que murió en 1963 suspirando por tener a la hija de cualquier modo, contesta.

La historia de la familia Alonso Ruíz, oriunda de León, parece un drama de los que el cine español contó muchos antes de que la verdad aflorara: los nacionales se llevaron a María, a Josefina y a su madre a la cárcel como presión para que apareciera Ignacio, el único hijo varón que, en realidad, no había escapado sino que estaba escondido en el caserón familiar.

"Como mi hermano no aparecía, los guardias dijeron a mi madre que eligiera una hija y que se fuera. Ella me eligió por ser la menor. A María, que era lista, que leía mucho y que militaba en Izquierda Republicana, la mataron. Mi hermano Ignacio, que era de las juventudes socialistas, estuvo cinco años más escondido en casa hasta que, cansado, se entregó. Los amigos ayudaron y no fue fusilado. Murió hace poco, con la pena de tener a María en la cuneta", dice Josefina.

-¿Cómo ha vivido su familia todo esto?
-Es extraño. Hubo sobrinos que no querían saber nada. Pero yo me impuse, María no podía seguir en la cuneta. Luego, con la gente del pueblo, es curioso, porque me preguntan qué tal ha ido mi operación de cataratas. Me preguntan por la operación, pero no me dicen nada de mi hermana. No sé por qué.

Un hotel de lujo en donde estuvo preso el abuelo de Zapatero

LEÓN, ESPAÑA .- "Paz, perdón y justicia", suele evocar el presidente José Luís Rodríguez Zapatero al hablar del influjo que en él tiene la figura de su abuelo paterno, el capitán Juan Rodríguez Lozano, ejecutado en 1936 tras juicio sumarísimo, por los sublevados en la Guerra Civil.

El abuelo del presidente pasó los momentos previos a su fusilamiento en la cárcel de San Marcos, un colosal edificio que fue campo de concentración para 16.000 personas y que hoy, con el nombre de San Marcos, es un suntuoso hotel de la cadena "Paradores", el buque insignia del turismo español.

Una noche allí cuesta 200 euros, más otros 30 por el desayuno. Tiene 236 habitaciones habilitadas y, en la misma puerta por la que salían los condenados, luce ahora un cartel que da la bienvenida en siete idiomas. "No hay nada hoy que indique dónde estaban las celdas", dice el jefe de conserjes a LA NACIÓN.

También puedes escribirle a Don Ramón para que te lo envíe a otro país, seguro que te encanta su librito de Poemas, él te lo agradecerá. donramon@sinectis.com.ar

NIÑOS ROBADOS

El Rincón de las Miradas

Hola a todos, bienvenidos al Rincón de la Memoria, ¿el porque de ese nombre?, porque para mi es muy importante "No Olvidar", recordar mis raíces, los amigos, las risas, los sueños, las tristezas….recordar cada instante, y no olvidar nunca mis recuerdos.

Un blog de recuerdos de grandes personas e historias, que no deben borrarse de la historia, ni de nuestra Memoria. Un Sitio de encuentros, donde el Olvido y el silencio no tienen la puerta abierta.

Este Blog lo he creado pensando especialmente en dos grandes personas, las cuales admiro muchísimo, son mi buen Amigo Don Ramón de Almagro y Marcos Ana (al cual descubrí un poco más gracias a Don Ramón), Con todo mi cariño hacia ellos.

Y gracias a este Rincón tengo que añadir una extensa lista de amigos entrañables que nunca olvidaré...Andrés Iniesta, Germán, Eva, Carmina, Rafa, kebran y un largo ect.
¡GRACIAS A TODOS!


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No olviden que a pesar de todo lo que les digan, las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo (...).

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