Premios 20Blogs

    Amigos con Memoria...

    La vida es muy peligrosa. Por las personas que hacen el mal, y por las que se sientan a ver lo que pasa.
    Albert Einstein (versión SaiZa)

    Carpe Diem

    No os quedéis impasibles ante las injusticias y las mentiras. Si algo no os gusta, decidlo sin miedo. Por mucho que la gente corrupta de lo políticamente correcto parezca imponer un silencio, ¡no calléis! Pues es mucho lo que está en juego:
    ¡LA LIBERTAD!

    No te dejes vencer por el desaliento

    No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.No te dejes vencer por el desaliento.No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,que es casi un deber.No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.No dejes de creer que las palabras y las poesías sí pueden cambiar el mundo.Pase lo que pase nuestra esencia está intacta. Somos seres llenos de pasión.La vida es desierto y oasis.Nos derriba, nos lastima, nos enseña, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia.Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa:Tú puedes aportar una estrofa. No dejes nunca de soñar, porque en sueños es libre el hombre.No caigas en el peor de los errores: el silencio.La mayoría vive en un silencio espantoso.No te resignes. Huye."Emito mis alaridos por los techos de este mundo",dice el poeta.Valora la belleza de las cosas simples.Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas, pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.Eso transforma la vida en un infierno.Disfruta del pánico que te provoca tener la vida por delante.Vívela intensamente, sin mediocridad.Piensa que en ti está el futuro y encara la tarea con orgullo y sin miedo.Aprende de quienes puedan enseñarte.Las experiencias de quienes nos precedieron de nuestros "poetas muertos", te ayudan a caminar por la vida.La sociedad de hoy somos nosotros. Los "poetas vivos".No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas… Walt Whitman.Versión de: Leandro Wolfson

    El Rincón de la Memoria

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"En la Entrega de Premios Dardo se reconoce los valores que cada blogger muestra cada día en su empeño por transmitir valores culturales, éticos, literarios y personales, que en suma, demuestra su creatividad a través de su pensamiento vivo que está y permanece, innato entre sus letras..."

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Nos ha dejado Andrés Iniesta "El niño de la Prisión"



No se como expresar tan triste noticia, pues pretendía escribir sobre el aniversario de las trece rosas, pero por casualidades de la vida, ha querido que fuera esta mañana y no antes cuando me enterara de su muerte, y a pesar de las horas transcurridas no puedo evitar que las lagrimas y recuerdos afloren, pues no olvidaré nunca el día en que conocí a Andrés.


El Miercoles día 3 nos dejaba, y hoy nuestro entrañable "niño de la prisión" ha sido enterrado en su tierra natal "Uclés" que a pesar de la tragedia y terrible experiencia sufrida entre los muros del monasterio de su pueblo, ha querido volver a descansar a la tierra de sus raíces, ahora al fin en libertad.

Mi más sentido cariño y recuerdo a Andrés Iniesta, al cual tengo que agradecer el seguir en el camino de la Memoria y el haber conocido a su fabulosa familia, muy especialmente a su Hija Rosi, a la que le doy las gracias por avisarme de su partida, pues sabe el especial cariño que le tenia a su padre.

Que su nombre y recuerdo no se borre de la historia.
Andrés Iniesta "El Niño de la Prisión" ¡Descansa en Paz!.

RECUERDO A LOS MAQUIS


La semana pasada estuve releyendo historias y documentos, los cuales no dejan de sorprenderme y entristecerme, lo cual a pesar de no tener el blog tan activo como antes, siempre van en mi memoria e intentaré rescatar del olvido. Como dice una de las frases de Gandhi, la cual me gusta mucho: "Casi todo lo que realice será insignificante, pero es muy importante que lo haga".
Por ello no puedo dejar de recordar e intentar arrancar del olvido tantas vidas truncadas por la barbarie franquista, asi que seguiré regando el árbol de la memoria, para que eche raíces, y cuando llegue el otoño, el viento de la memoria lleve sus hojas y semillas a cada rincón del mundo, que nunca se olvide.

¡Salud, Memoria y Libertad!

Os dejo un documental que vi el Martes pasado en la 2Tve.
En Recuerdo a todos los Maquis de España.

LOS DEL MONTE 1. La historia del maquis en las montañas de León-Galicia.


Los del monte 2

Una Memoria que Rescatar




Cuando empiezo a escribir este artículo, el CONTADOR DE LA VERGÜENZA de la página web de la Asociación para la recuperación de la memoria histórica me informa que: “Las víctimas del franquismo llevan 35 Años 7 Meses 29 Días 19 horas 48 minutos y 19 segundos sin justicia”. Parece más una condena, que la contabilidad de la deuda temporal que la democracia tiene, con todos aquellos que tras el golpe de estado del 36 lucharon, murieron y desaparecieron por defender a su país, la legalidad republicana y a los efectos prácticos, los albores de la modernidad democrática para España.

Ayer en Twitter la etiqueta #recuperarlamemoria era tema destacado y emotivo, porque a pesar de lo evidente, la mayoría de los españoles no saben que aun quedan posiblemente más de 110.000 compatriotas, mujeres y hombres desaparecidos en este país y muchos piensan que el asunto de la memoria histórica es un invento de Zapatero (León de la Riva dixit), cuando desde hace años asociaciones como la ARMH se baten el cobre casi en solitario antes los poderes públicos y lo que aun es peor, los tácitos, para poner en valor la lucha de los republicanos españoles. 75 años después del golpe los nietos reivindican la memoria honrosa de sus abuelos como precursores de la libertad que hoy disfrutamos, reivindican el miedo que hubieron de pasar sus padres, la vergüenza del estigma y la incomprensión dolosa de un estado que ha sido miserable con sus mejores ciudadanos.

No es solo un problema de una transición que con el paso de los años se ha visto envejecida y encubridora, y que sus mayores adalides sean los mismos que escudados en los mercados generan una cruzada mundial contra lo público, ni siquiera de que la constitución española, tan halagada, tan esgrimida, tan integradora ella, dejase olvidados a nuestros abuelos enterrados en las cunetas. Es más, como nos recuerda Emilio SIlva, que toda una generación de intelectuales, de librepensadores, se perdió para siempre y que los hijos, los nietos de los vencedores han administrado sabiamente el discurrir democrático de España para que el polvo cubra la memoria hasta hacerla irreconocible. En sus palabras “¿Qué día, de qué año, de qué siglo el Estado se disculpó por haber tenido a sus familias culpabilizadas, castigadas como para no ser merecedoras de su derecho a la verdad, a la justicia, a la reparación y a la protección?..¿Cuántas leyes se han publicado en el BOE en las que el Estado se responsabiliza de buscarlos, identificarlos, entregarles los restos a sus familias y rendirles homenaje como padres de la democracia?”

Marco Schwartz nos lo recordaba ayer en Público: “Según expertos en la materia, España es en la actualidad el país con más desaparecidos del mundo después de la Camboya de Pol Pot… Por si fuese poco, el único proceso judicial en curso por los crímenes del franquismo sentará en el banquillo al juez que intentó investigarlos.”

La ex vicepresidente Fernández de la Vega cuidó la ley de la memoria para hacerla inoperante, irrelevante, quizá debido a la llamada de la sangre y hay que recordar que hoy seguimos buscando, desenterrando a esos 100.000 hombres y mujeres enterrados en fosas a lo largo de España, que cientos de calles homenajean a los asesinos, que en plazas y balcones de muchos ayuntamientos se siguen mostrando sus insignias, que se robaron haciendas, empresas, dinero, hijos, que las sentencias vergonzosas de los tribunales fascistas son plenamente vigentes y manchan el honor de miles de ciudadanos.

Por cada uno de ellos y de ellas, de los que como mi tío Antonio Molinero siguen desaparecidos después de tantos años yo reivindico su memoria de lucha.

http://diatriba.es/una-memoria-que-rescatar
Autor: Francisco Molinero (19/07/2011)

Homenaje a las Víctimas. Abril 2011.


Como cada año en el Cementerio de la Almudena tendrá lugar el Homenaje a las victimas de la Represión franquista en Madrid (aunque como siempre digo, para mi es un homenaje para todos, sean del rincón que sean), organizado por Memoria y Libertad. Siento no poder asistir, pero si vosotros tenéis la oportunidad no os lo perdáis.

¡Salud, Memoria y Libertad!



De nuevo en abril, como hace 80 años. Como cuando la primavera se convirtió en alegoría de la nueva República, de la esperanza y del resurgir de las gentes humildes de este país para reclamar su dignidad.

Querían tierra y trabajo, pan y vivienda, sanidad y educación, paz y cultura. Pero, sobre todo, un futuro de igualdad, libertad y fraternidad.

Demasiada insolencia para que los poderosos del capital, de la pistola y de la religión no dudaran en perpetrar los crímenes más horrendos en defensa de sus injustos privilegios.

Nos decía Dulce que “no se puede olvidar cuando te obligan” pero es que, además, no se debe.

De nuevo en abril, como hace 80 años, seguimos reclamando los mismos principios, pero también queremos que curen con verdad, justicia y reparación las heridas que taparon -con la idea de que no cicatrizaran nunca- y que quienes las provocaron no vuelvan a tener el poder para causarlas de nuevo.

Ni olvidamos a las víctimas del franquismo, ni olvidamos sus esperanzas.

Es lo nuestro.

YO SOY....


En el grupo NO VOY A PERMITIR QUE LOS CRIMENES DEL FRANQUISMO QUEDEN IMPUNES, se ha creado en el foro de debate un espacio llamado YO SOY....... para que quien quiera cuente en primera persona la historia de su familiar o amigo, un bonito homenaje a todos los que dieron su vida por la libertad, y que por la cruel represión franquista llevan olvidados mucho tiempo, es hora de que la invisivilidad de las victimas sean visibles y honrados por todos. ¡Salud, Memoria y Libertad!


YO SOY un jóven de 21 años, no recuerdo mi nombre, ha pasando tanto tiempo...., lo que no olvido es que un amanecer escoltado por la guardia civil, junto a otros compañeros y compañeras me sacaron de la cárcel de Ocaña, y en la tapia del cementerio nos fusilaron a todos. Uno de nuestros verdugos estaba borracho y falló varios tiros, alguno quedamos mal heridos y el cura del penal nos iba dando el tiro de gracia.

Después, mi cuerpo junto al de mis compañeros y compañeras fue trasladado en una carretilla y como si fuesemos sacos nos arrojaron a una fosa común del propio cementerio unos sobre otros; nos cubrieron con cal viva.

Mi madre me buscó toda la vida, nunca fue avisada de mi ejecución, también ignoraba porqué me habian detenido y juzgado, al igual que yo; incluso desconcía donde estaba encarcelado.

Ya casi centenaria consiguio conocer el paradero de mi cuerpo y pudo llevarme unas flores, creo que fallecio al poco tiempo, pero pudo cumplir con su más acariciado deseo.

Yo que no recuerdo mi nombre, espero junto a miles de personas que corrieron idéntica suerte a la mia, que se haga justicia, que nuestros nombres y nuestras anónimas y sencillas vidas no queden en el olvido y que el régimen opresor que nos asesinó no quede impune.

Por Carmen Díaz Escobar

MEMORIAS DE UN SUPERVIVIENTE DEL PENAL DE VALDENOCEDA


MEMORIAS DE UN SUPERVIVIENTE DEL PENAL DE VALDENOCEDA
Por Ernesto Sempere Villarrubia
(21 noviembre 1920 – 13 enero 2005)


Afortunadamente, todavía vivo, por lo que puedo contar lo que sucedió hace más de 60 años en el antiguo Penal de Valdenoceda (Burgos). Estoy convencido de que debo trasladar mis vivencias a la memoria histórica, pérfidamente oculta y ocultada al pueblo español. Y quiero aclarar que estas memorias son esenciales, no porque sean mías, sino porque constituyen la voz de miles de republicanos que combatieron al fascismo, padecieron en Valdenoceda y desgraciadamente no pueden contarlo. La mayoría de ellos, desaparecidos en razón de su edad – no olvidemos los 65 años transcurridos – y 151 más muertos de avitaminosis, tisis y hambre en el infame penal, asesinados, con premeditación y alevosía, por los vencedores.

Y ahora, me presento: Soy Ernesto Sempere Villarrubia. Sobrepaso los 83 años de edad y nací en Peñarroya-Pueblonuevo (Córdoba) en 1920, cuando esta cuenca andaluza del carbón constituía centro de prosperidad y pujanza. Tengo una esposa adorable que me ha dado ocho hijos varones, todos ya casados, que nos honran con quince nietos, con su constante amor filial y con sus éxitos profesionales. Y, naturalmente, ocho hijas, remansos entrañables.

Ahora, cuando la puerta de mi final está entreabierta, vuelvo mi mirada atrás y me encuentro con una vida, mi propia vida, plena de contenido y de sustancia. Sin dudarlo, volvería a vivirla. Mi recuerdo más lejano, el que quizás me abrió el camino hacia un pensamiento republicano y liberal-conservador, ocurrió el 14 de abril de 1931, en Ciudad Real, con motivo de la proclamación de la II República. Este emotivo momento, lo he recogido en pincelada poética:



“Mi padre y sus recuerdos ocupan mi alma entera

Eficiente ingeniero. Un gran republicano.

Tenía yo 10 años cuando cogió mi mano

y me llevó a besar la tricolor bandera.



Las masas en las calles, de entusiasmo encendidas.

La enseña, rojo y oro. Y el color comunero,

violáceo castellano, defensor de los fueros.

La soñada República. España enardecida.



¡Clamores, alabanzas, abrazos, ovaciones!

¡Se marchó Alfonso trece!¡Se fue de nuestra tierra!

¿Quién podría pensar, entre alegres canciones,

que cinco años más tarde sufriríamos guerra?.



Era en mil novecientos treinta y uno. Y Abril.

¿Quién podría prever una guerra civil?”

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En FACEBOOK: ASOCIACIÓN DE FAMILIARES Y AMIGOS DE PRESOS DE VALDENOCEDA (BURGOS)

Hoy 14 de Abril


Hoy es un día significativo para los que soñamos con una futura República, y un estado donde la memoria de nuestras victimas, no sean juzgadas por sus verdugos.
Son muchos los actos y varios los acontecimientos de los que podria hacer referencia hoy.

Como son "Los Premios 14 de abril" convocados por Izquierda Unida de Rivas Vaciamadrid, cuya categoria Memoria Historica, estaban convocados muchos merecedores de ese premio, como es mi querido Andres Iniesta "El niño de la Prisión", pero que finalmente se lo han otorgado al luchador infatigable y generoso Marcos Ana, cuyos premios se entregarán el próximo Sábado 17 de Abril en el transcurso de la Fiesta Republicana que Izquierda Unida de Rivas Vaciamadrid celebrará en la pista cubierta de patinaje del Polideportivo Cerro del Telégrafo.
O la convocataria en apoyo al Juez Garzón, o el homenaje de actores y politicos al Poeta Miguel Hernandez, entre muchos otros actos convocados para hoy 14 de Abril.
Pero yo hoy me quiero quedar con los recuerdos y la Poesía de una gran mujer, una mujer sencilla, que lleno mi corazón de estrellas y bonitos sentimientos, que con cada uno de sus poemas, despertaba en mi la sensibilidad y la conciencia de lo verdaderamente importante.
En este triste aniversario en el que ella nos dejo fisicamente, pero que continua escribiendonos sus versos en la luna, donde fue a reunirse con todas las estrellas. Yo me quedo con eso, con su mirada, su poesía y su amistad.

Os dejo con uno de sus poemas dedicado a Marcos Ana en el día de su cumpleaños y que llegó a su destino con un año de retraso, pero que igualmente es como si nosotros se lo pudieramos dedicar a ella. Un besazo Carmina, seguiré tus versos en la luna, cuida de nuestras estrellas. ¡Salud, Memoria y Libertad!

Buscando las estrellas
de unos viejos zapatos,
encontré a un poeta
enamorado de la vida.

Tropecé con sus ojos,
siempre puros,
siempre abiertos
a la ilusión, al amor...
A la aventura,
de vivir cada día
como un hombre.

Y abiertos a encontrar
las estrellas, que aunque lucen,
jamás se ven a mediodía.

Las vislumbra, las coge
y las esparce.., a manos llenas
por la vida
de aquellos que quisieron
encontrarle.
De aquellos, que ni siquiera
conocía.

Quizás, cuando buscaba
en mis zapatos,
encontré una estrella…
Una de las que él…,
a manos llenas repartía.

(Para Marcos Ana. enero 2009 )

Marina: El Final 1973


1971 Triunfo de la esperanza 26 de marzo. 18 y ejido.. vimos nacer y crecer al Frente Amplio. Algo que no se podía tolerar. Argentina, Chile con Allende. Había que podar de raiz………..El Imperio, insaciable, no permitiría la posibilidad de un mundo mejor.Pero latino América es indoblegable. La historia lo iría a demostrar.
1973
Seguramente todos los uruguayos que tenemos memoria de ese año, lo asociamos a nuestra historia personal. Sabemos de memoria la edad que teníamos sin necesidad de calcularla, qué estábamos haciendo cuando se trasmitió la noticia del golpe de estado y hasta como estaba el tiempo ese día de invierno en Montevideo. Veníamos llevando desde hacía años, la cuenta de amigos y familiares presos, de los que podían escaparse al exterior y de los que se tenían que ir, por la pérdida de sustento económico.
Ir al liceo todos lo días era riesgoso. Allanamiento en los locales de estudio, gente armada mezclada en los grupos de clase, entradas intempestivas de policías o soldados en las aulas, llevando compañeros de quince o dieciséis años presos. Gases, corridas, golpes, enfrentamiento de tanques y caballos contra la gente, jóvenes algunos casi niños. Huelga general desde el momento del golpe, fábricas y centro de estudio ocupados.
Clausura de diarios y publicaciones de protesta, censura de todo tipo, películas, programas radiales, planes de estudio, libros, eran las vivencias cotidianas.
El Popular estuvo clausurado, y cuando pudieron volver a sacarlo, a papá le asignaron la tarea de ser el redactor responsable. En ese tiempo, más que un mérito, un compromiso peligroso.
Como respuesta al famoso llamado de “a las cinco de la tarde”, los ómnibus descargaban gente de todas las edades en las paradas del centro de Montevideo. El nueve de julio de ese año, encontró a la calle18 de julio llena de gente corriendo, tratando de esquivar caballos al mando de soldados con órdenes de represión, desesperados buscando hijos, hermanos o compañeros.
Un pueblo manifestándose en contra de la dictadura militar impuesta, fue castigado nuevamente.
En El Popular irrumpieron arrasando con todo, incluso con los trabajadores del diario, que quedaron literalmente bajo las botas de los soldados, que así los llevaron y encerraron en el Cilindro Municipal, clásico estadio de básquetbol montevideano que usaron de prisión, agrandando el espacio locativo carcelario.
Me acuerdo de todo. Las visitas a través del alambrado. El gallego Aurelio ingeniándosela para entrar a verlos, simulando ser el verdulero o el encargado de llevar leña.
En ese momento, a pesar de años de despedidas y llantos, no imaginamos la magnitud de lo que ya pasaba, y lo que se estaba preparando. Se hizo la noche sin aviso. Miedo, clandestinidad, persecución dolor y muerte como nunca hubiéramos imaginado, enfrentando la dignidad de nuestra gente. Miradas cómplices, poemas y canciones, se opusieron como se pudo al terror. Resistió la carta popular, llegando a manos del pueblo, continuación clandestina del Popular, que sus periodistas seguían imprimiendo.
Destierro, destrucción cárcel y tortura, contra la unión de la resistencia y solidaridad de personas comunes que defendían el sueño de un mundo para todos. América arrasada otra vez.

Desde la noche anterior a mi casamiento en el inicio de 1976 hasta que nació mi tercer hijo en el 83, papá sufrió la cárcel, después de estar un año desaparecido, pasando de cuartel en cuartel.
Prefiero anexar documentos y testimonios, a relatar esta parte de la historia que con tantos compañeros compartió. Guardo los documentos que muestran la solidaridad en todos los idiomas.


Guardo sus cartas y las carteras que trenzó. Guardo la paloma surgida de un trozo de hueso, que reclamaba paz. Guardo un corazón hecho de papel higiénico que nos llegó al año de su desaparición escondido en los restos de ropa que nos entregaron, gritando los harapos el tormento.
Pero sobretodo guardo su risa, la esperanza transmitida y las palabras escritas en el corazón rasgado en un baño de cuartel: besos a todos “ánimo”.
Confío en él, y en la bandera que nos pasó, y aunque a veces nos cueste sostenerla, surgirán siempre manos que no la dejarán caer.
Marina Weinberger

Este es el último relato contado por la memoria de Marina Weinberger, a la que tengo que agradecer que haya escogido el Rincón de la Memoria para compartir con todos nosotros sus recuerdos y emociones. Muchas gracias, y Feliz Noche de Reyes.

Marina: El periodista


El Periodista
Mientras nosotros hacíamos nuestras primeras experiencias, papá reconocía cada adoquín de las calles del Cerro, caminadas de memoria rumbo a los frigoríficos. Dicen los viejos obreros, compañeros que lo recuerdan, que lo sentían parte de ellos y sus problemas, diferenciado por la libreta de apuntes de tapa negra, que siempre recuerdo en su mano, o sobresaliendo por el bolsillo de su saco gris. Papá no me hablaba de política, pero respondía a mi provocación casi despectiva de planteos radicales y ataques sin argumentos, a su organización política.
Trataba de transmitirme su opinión, de que estudiantes e intelectuales, debíamos acompañar en sus reclamos, a los que verdaderamente generan la riqueza, de la que algunos se benefician más que otros. Confiaba plenamente en la clase obrera, y desde el lugar de periodista que eligió, se comprometió con ella.
Del local de la calle Justicia, el recuerdo surge sobre todo desde fotografías impresas en blanco y negro, en papel brillante. Una, en la que estamos mi hermano y yo, amarrados de cada mano de papá, frente a la puerta enorme de madera repujada del diario, con un pomo de bronce reluciente, reproduce la sensación casi olvidada, de traspasarla. Sabía que adentro papá nos dejaría teclear en su máquina de escribir Remington.
Cuando se mudó el Popular a la esquina de Rio Branco y dieciocho de julio, hubo festejos, ya que la sala de Redacción era más grande y cómoda, y en el subsuelo funcionaba la linotipo de hierro negro. Era una máquina monumental, de dos pisos, con ruido a ferrocarril, donde páginas enormes armadas con tipografías de metal que se juntaban como un puzzle, se copiaban en papel. Entre ese estruendo infernal, olor a tinta y gente tomando leche, papá veía salir cada madrugada el diario de denuncia, que parían cada día con el esfuerzo de todos.
Unos años después, compraron la moderna impresora offset , que los llenó de orgullo, le dio color al popular, y les duró poco tiempo.
Nos gustaba visitar a papá en su lugar de trabajo. Aurelio nos sacaba fotos, Acassuso, Porley y otros de sus compañeros, nos ofrecían prestados sus queridos instrumentos de trabajo, que hacía que nos sintiéramos periodistas.
Los autógrafos no valorados en ese momento, es una de las pérdidas de las que más me arrepiento. A cada artista, escritor o actor que visitaba o entrevistaban, mi padre le pedía un autógrafo para mí, que debía ser con dedicatoria. De algunos me acuerdo de memoria, ninguno conservo. Mercedes Sosa, Zitarrosa, Serrat, Reed, Quilapayun , y otros que no retengo, fueron casi obligados por él, a escribir con cariño, para una hija desconocida.

Marina: Hijos


Hijos
Mi primer hermano y yo, nacimos con diferencia de un año y poco, en los últimos años de la década del 50, en el barrio Buceo.
En esos años papá, que ya era periodista del periódico Justicia, participó de la fundación del diario El Popular, órgano escrito del Partido Comunista del Uruguay.
Desde ese momento, escribió sin parar, yendo de las fábricas a los frigoríficos. Hablando con los trabajadores en las obras o en los locales sindicales, poniendo en palabras impresas, sus esperanzas y las dificultades que sufrían. Todos hacían de todo un poco. Escribían las notas, corregían las impresiones y repartían el diario.
El “gallego Aurelio”, fotógrafo incansable, frecuente compañero de mi padre en la cobertura sindical, tocando el timbre de mi casa en la calle Cuñapirú, mientras mamá se quejaba por la hora, son memorias que se reiteran de mi infancia.
Aunque ella siempre creyó en la justeza de sus ideas, y cotidianamente vivía con sus alumnos, las injustas diferencias de posibilidades, siempre discutieron mis padres por las horas que destinaba él a una profesión, que ejercía con obsesión militante. Hasta que no veía salir el primer diario, sin una sola falta de ortografía, papá no volvía a casa.
Lo dos desempeñaron sus tareas con la pasión y confianza que merecía el sueño de muchos, de un futuro en construcción.
Durante los primeros años de escuela, recuerdo la primera oración infaltable en la clásica redacción : Mi familia. “Mamá es maestra y papá periodista”. Hasta ahora me conmueve escribirlo, evocando el orgullo que me provocaba en los años escolares. Lo que sí era difícil, dar la verdadera respuesta a la pregunta, con casi sólo dos opciones en esa época, sobre la preferencia política de mis padres. Cuando comprobé que mis compañeros se alteraban con la de “mi padre es comunista”, por un tiempo intenté contestaciones evasivas. Buenos amigos, que muchos hasta hoy lo son, no entendían como mi padre siendo bueno, había tomado una opción casi maléfica en su representación. El sentimiento de traición parental que me invadió, me afirmó en tratar de mantener respuestas contundentes, con reflexiones agregadas y hasta un resto de desafío, dirigida a niños que yo pensaba, estaban mal informados.
Basaba mis explicaciones, repitiendo lo que oía en casa. Tal vez más, en lo que veía, del actuar desprendido y desinteresado de mis viejos.
Mi infancia pasó entre padres que trabajaban, militaban y discutían, abuela, hermanos, muchos primos, y personas que ayudaban en nuestro cuidado. Íbamos a la escuela, dónde mamá trabajaba de maestra en esa época, y en la que antes, había sido alumna. Sus recreos, los amigos y las moreras del patio, es una de las primeras cosas que evoco, cuando pienso en mi niñez. Pero además, entre otras cosas, las tardes que pasamos con mamá y sus colegas en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo, para lograr la in entendible para nosotros, Ley de Equiparación. Jugábamos a patinar hasta cansarnos, en los resbaladizos pisos de mármol con otros niños, hijos de compañeras de mi madre, transformando la lucha gremial en juego, con un fin de paseo, calentando el invierno tomando café con leche, en el Bar Alcalá, frente a la Facultad de Medicina.
El recuerdo del “cuba sí, yanqui no” cantado desde los hombros de papá, en alguna manifestación, me generaba contradicciones a la hora de no incluir la bandera cubana con la otras de Latinoamérica, cuando estudiábamos la integración de la Organización de Estados Americanos, en quinto año de escuela. La gravedad de lo conflictos sociales uruguayos derivados de una creciente desigualdad de oportunidades, con gran prepotencia gubernamental, la viví con todo su peso. Pensaba con rabia y angustia, en el asesinato de un joven estudiante de Veterinaria, que como mis padres, sólo quería un mundo mejor. En el entierro de Liber Arce, caminamos con mi hermano muchas cuadras, acompañando a papá y mamá conmovidos y silenciosos. Seguramente ese momento, marcó en nosotros y en muchos niños de entonces, la comprensión de la tan repetida, palabra compañero.
Estrené el liceo en el 68, año mundialmente eclosionado por los mayos de aquí y de allá. Aun con doce años recién cumplidos, era inevitable no comprometerse con los cambios que se veían cerca. La lucha por el precio del boleto de estudiante y los peajes en solidaridad con los obreros de fábricas en lucha por despidos, cierres y salarios, me encontró al inicio de mi adolescencia. El sentimiento de solidaridad con compañeros y profesores durante los cursos paralelos dictados en locales sindicales, en respuesta al cierre de clases en secundaria, marcó la mitad del 69. Y el cielito de fondo cantado por Los Olimareños, lo convirtió en un año inolvidable.
Creo que, aunque nunca lo dijo, mi padre sentía temor por nuestra exposición al peligro, frente a la represión que se extendía. Tengo la impresión que lo desgarraba esa sensación, que incluía nuestra protección, más que el temor por su propia suerte, durante el combate por su ideas. Como sea, el sentimiento intenso de aquellos días adolescentes, tienen el gusto a un tiempo intensamente dado y compartido, que muchas veces extrañado, se hace necesario reproducir.

Gerardo, mi hermano menor

“Si tenés un hermano diferente a los demás, pensás que en el cromosoma que le sobra tiene todo lo que le falta. Podía haber enseñado matemáticas como el otro, ser médico o lo que quisiera. Podía tener las manos como todos y los ojos, además de tener el mismo color, ser parecidos en la forma. Pensás que no lo hubieran mirado con compasión cuando era un niño, y con distancia y algo de temor cuando adulto. Que podría haber compartido la vida desde otro entendimiento, aprovechado de una inteligencia que no tiene. Si tenés un hermano diferente no pensás donde está codificada la bondad que tiene. Dónde la capacidad de disfrute, de sorpresa. La capacidad eterna de jugar, de abrazar. No pensás que a los demás nos falta lo que a él le sobra. El destierro del malhumor, la codicia , la avaricia , la envidia. El triunfo de la vida de las percepciones, los afectos. El contacto con la tierra, con la simpleza. No pensás en aprender lo que enseña, porque hay que modificarlo, hacerlo más parecido, más aceptable. Para sobrevivir independiente, necesita las capacidades que le faltan , no las superiores que pueda conectarlas a las suyas. Las más salvajes, las que se perdieron en su secuencia de ADN.”

Marina Weinberger

Marina: Mi Madre.



Mi madre, abuela de mis hijos.

“Estando con la nieta en la misma casa en que ella nació, a pocas dunas del mar, se pregunta si el olor es el mismo que sentía hace setenta años cuando en la galería su madre hacía los tallarines caseros y se cocinaba el tuco en la olla de los domingos. Los nietos podían ayudar dando manija a la máquina de metal donde por los agujeros salían perfectos. Cuando se hacían ñoquis los pasaban por el tenedor y cuando tocaba ravioles los cortaban con una ruedita de metal con mango de madera.

Le cuenta a Inés, su nieta menor, que cuando ella era niña, se usaban unos trajes de baño que cubrían mucho el cuerpo, incluso para los varones. Después de hacer la digestión, podían ir a la playa hermanos y primos, siempre que se cuidaran entre todos.

Este domingo quiere sentir ese olor y no puede. Con la nieta juega a las cartas, hacen los trabajos escolares, leen. Igual sabe que ese olor que añora, no es el que le quiere dejar a Inés. Y sin embargo es el aroma extrañado de su madre, de sus cuidados. No de su padre, el Doctor, que reclamaba rapidez en el tendido de la mesa, su vaso de agua con limón y las uvas. Las uvas, que había que servirle en su dormitorio, antes de la siesta.
La madre de la abuela, llevaba orgullosa un apellido escocés con tantas consonantes como batallas ganadas agregaba el nombre. Pero ni tocada por la orden de Ricardo Corazón de León podía dejar de correr solicitada por el marido.

Fueron a la misma escuela. La abuela, primero a aprender, después a enseñar.
Su hija primero, y después los nietos, trajeron la túnica con las mismas manchas violetas de las moras que sacaban del árbol en el recreo ( y que siempre estuvo prohibido). La oreja de la llama de yeso que está en la entrada, sigue rota o la arreglan de vez en cuando.
Cómo le explica a su nieta entonces, cómo todo cambió tanto, si los frutos siguen en el árbol para que todos los sigan alcanzando. Le enseña como puede que hay uvas malditas y moras benditas, que por suerte no se pueden heredar las dos, pero la nieta prefiere seguir el partido de escoba de quince.
Se da cuenta que no puede contarle mucho de los orígenes de sus padres, de sus tíos, de lo que más se acuerda es de aquellos olores, de la playa y de las uvas. También de aquellos fines de año con sus cinco hermanos, la fiesta en su casa de todo un barrio, el perro encerrado en el baño del fondo porque se asustaba del ruido de los “cohetes”. Venían los vecinos, se asaban los corderos y ahí sí los niños casi lograban la propiedad de todo el fondo. Hermanos, primos y amigos se cansaban jugando a “la mancha”, el paso la piedra y no la recibo y más tarde hasta el juego de la “verdad o consecuencia”. Algunos niños daban besos como pagos de prenda. Otros decían la verdad.”

Mi madre, la novia, la esposa.


El entusiasmo de mi padre estaba puesto en la escritura. Por la vía de los hechos se convirtió en periodista. Pasó del boletín del liceo, a escribir en cualquier publicación de contenido social o gremial con la que se vinculaba. Aun siendo muy joven, adoptó el convencimiento de la justeza del pensamiento marxista, como guía de lo cambios que los hombres del mundo se debían. Creía en un futuro destinado a la humanidad, donde fuera posible, la paz y el pan para todos. Ingresó a una organización de jóvenes comunistas, y en un baile que organizaban sus compañeros, de un Centro que llamaban “El estudiantil”, conoció a mamá.
Había ido acompañada por su hermana mayor, mezcla de cuidado y complicidad. Hablando con ella, mi padre supo, que la osada morocha con quien rápidamente entabló conversación, era una de los seis hijos de un médico comunista, bastante conocido en esos tiempos, en los círculos políticos de izquierda.


Por casualidades que parecen signos premonitorios, estaban leyendo el mismo libro, que por lo que ellos cuentan, fue tema de su primer encuentro. Al despedirse, él olvidó devolver una petaca con polvos de maquillaje que ella pidió le guardara en el momento del baile, en el bolsillo del saco. Con el pretexto de devolución, papá emprendió su primer viaje al costero balneario de Malvín, donde mamá vivía con sus padres y cinco hermanos. Seguramente no imaginaba en ese momento, las circunstancias que él mismo protagonizaría viviendo en esa casa, mucho años después. Llegar hasta ahí en bicicleta, transitando por pocas calles, muchas dunas, y cruzando arroyos, no debe haberle resultado fácil. Pero a juzgar por los acontecimientos futuros, mi madre debió haber desplegado una especie de embrujo que la trasciende, provocando que los viajes a pedal, fueran cada vez más frecuentes, y menos fatigantes. No creo que mis abuelos maternos hayan aprobado desde el inicio la elección de mamá, por un muchacho pobre con nada más por bienes, que buenas intenciones. Se me ocurre esto, pensando en mi abuelo, siempre con aires de gran doctor, comunista, pero siempre dirigente, después de haber sido diputado batllista. Y mi abuela, de sangre buena, pero azul, con un apellido escocés de muchas consonantes.

Lo real, es que mis padres siempre disfrutaron relatando, la historia del inicio de su noviazgo. Tanto, que ahora mamá la sigue contando, convertida en cuento, a nietos y bisnietos.
Con veinte años, recién regresada de magisterio, trabajaba en una escuela rural en las cercanías de Tala, en el departamento de Canelones. Aunque en el mapa figura cerca de Montevideo, la realidad geográfica y las posibilidades de comunicación y transporte, que eran insuficientes, hacían del lugar una región lejana. Por esas razones, mi madre daba clases y vivía en la escuela de lunes a viernes. Tenía alumnos de todas las edades, que llegaban a caballo y muchos de ellos, no conocían el mar viviendo a pocos kilómetros de la costa. Ella disfrutó transmitiéndoles lo que podía, y compartiendo sus vidas. Los fines de semana, si daba paso el arroyo, que se desbordaba con las lluvias, volvía a Montevideo. Le gustaba el campo, sabía cabalgar y creo que si hubiera sido decidido sólo por ella, hubiéramos nacido en la campaña y no en la ciudad como lo hicimos.

Marina Weinberger

Marina: Montevideo


Gracias por seguir fieles a esta historia. ¡FELIZ AÑO NUEVO!


2- Montevideo

A los doce o trece años de edad, estas ideas se fueron aclarando en el apartamento Montevideano de su hermana mayor, que, cómo si fuera un símbolo se llama Clara. Ella fue la primera en dejar la casa paterna, y trabajando de vendedora en una tienda, alquiló una vivienda, en el barrio céntrico del Cordón. Además de los hermanos que iban llegando, esa casa recibió a amigos de todos ellos, estudiantes y trabajadores, y se convirtió en un centro juvenil, de discusión literaria, política y filosófica. Casi a sesenta años, a veces encuentro a algún viejo amigo de ellos, que sonriendo recuerda aquel lugar.

Es difícil imaginar a la elegante tía Clara, como una de las responsables del camino elegido por mi padre, desde que entró al liceo y para toda la vida. Pero el brillo que mantienen sus ojos verdes, trasmite hasta ahora, una pasión conquistadora. Y entiendo, como aquellos jóvenes, veinte añeros de los ´50, confiesan aun, con una casi sonrisa, el amor por su mirada.

Mi padre, entró con doce años al liceo Público Instituto Vázquez Acevedo en horario nocturno, ya que durante el día trabajaba en una industria metalúrgica, donde se fabricaban tapas de metal, para botellas de vidrio.

Nos transmitió una imagen de alumno aplicado, que ahora no estoy tan segura, corresponda completamente, a la realidad.

Lo cierto es que siendo estudiante del “IAVA”, como aun se nombra ese liceo, comenzó a escribir, tratando de entender una guerra lejana, que afecta a la humanidad y desgarra a su familia. Con un grupo de amigos, alumnos del liceo, publican un boletín, que ellos mismos escriben, programan, copian en un mimeógrafo y reparten a sus compañeros. Se dedican a la difusión del conocimiento de situaciones injustas sobre problemas cotidianos, que lo incluyen a él, a su liceo y a sus colegas, tratando de proponer soluciones colectivas. Pienso que fue ese sentimiento el que definió sus acciones, luego tal vez, sobre bases más sólidas de pensamiento, pero con la misma intención, durante toda su vida.

A esta altura del relato, me detuve a analizar si una admiración desmedida, o una percepción
alterada de mis recuerdos infantiles y juveniles, no hacen al testimonio familiar perder valor. Si así fuera, mis disculpas, pero no puedo modificar el curso de mis recuerdos, ni evitar transmitir los valores más queridos que él me entregó. Le debo la convicción, de que en el mundo hay muchos hombres buenos, y hace falta que se cuenten sus historias.

No conozco muchos detalles de esta etapa de su vida, pero sí sé, que quería entrar luego de terminar secundaria, a la Facultad de Arquitectura. Abandonó esa idea, por falta de tiempo, y el orden de sus opciones. Concomitante con los estudios secundarios, cursó un bachillerato técnico, y egresó de la Universidad del Trabajo, convertido en mecánico tornero. Como en verdad parece que era un alumno destacado, accedió a un cargo para desempeñar su oficio, en las líneas aéreas del Estado.

Si no hubiera visto fotografías de papá con mameluco, trabajando en los aviones, hubiera pensado que no era cierto. La imagen que tengo de él, tratando de arreglar algún desperfecto hogareño, no concuerda en lo más mínimo, con ese antecedente. Lo consideré siempre un intelectual incapaz para realizar con éxito, cualquier tarea manual. Revivo episodios de canillas goteando con “cueritos” mal cambiados, cisternas perdiendo agua, apagones a continuación de corto circuitos provocados sin intención, al querer reparar algún artefacto eléctrico y otros ectcétera. La argumentación era siempre distinta, en defensa de su destreza, aunque nunca lo vi preocuparse demasiado, por demostrar habilidades que decía poseer. Ni siquiera mi madre apoyaba su versión en ese aspecto. Y eso que se conocieron en la época que él trabajaba en PLUNA al inicio de la década del cincuenta. Para ser precisos, en esos tiempos, ya había decidido dejar ese trabajo, para dedicarse por entero al periodismo.

Marina Weinberger

Marina: Desembarco en Uruguay


1- Desembarco en Uruguay

Si esto es literatura testimonial o no, deberán decidirlo los lectores. Pretendo solamente ser la voz de mi padre, después de que se le terminaran las palabras. Creo que él lo permitiría, y aunque me quedan dudas sobre su consentimiento, decidí que su testimonio aunque individual, se debe también al colectivo, porque esa fue, la razón de su vida.
Murió de verdad hace trece años. Ya antes, muchas muertes había él resucitado. Dicen los que lo conocieron, que era un hombre bueno, periodista y revolucionario.

En mil novecientos veintiocho nació, sexto hijo de padres inmigrantes de una Europa de entreguerras. De los diez hermanos fue el primero en nacer en Uruguay. Sus padres, los dos judíos húngaros, vivían en un pueblo de la campiña de centro Europa, donde nacieron sus cinco hermanos mayores, dos hombres y tres mujeres. Ellas conservan su nombre.
A los dos varones mayores, los rebautizaron en el puerto de Montevideo, cuando bajaron del barco en el que cruzaron el Atlántico en un viaje que duró varios meses. Nombres como Wella no se concebían en este país, para un niño de siete u ocho años. En ese instante, y por decisión del funcionario aduanero, pasó a tener el nombre que llevó hasta su muerte, el tío Adalberto. De Leopoldo, el segundo varón, no sé su nombre original.
Montevideo fue sólo una escala, y los cinco hijos más que tuvieron Ignacio y Leonor, mis abuelos con nombres también “traducidos” a su llegada, nacieron en Paysandú. Eligieron para instalar a su familia, la capital del norteño departamento, construida como puerto defensivo junto al río Uruguay.
Los “sanduceros”, pobladores y oriundos del lugar, siguen llamando a la ciudad “La Heroica”, en honor a un episodio histórico de resistencia popular.
Seguramente mis abuelos murieron sin conocer la historia de Leandro Gómez, y de la bárbara conquista, que mi padre, como tantas otras cosas, no tuvo oportunidad para contarles.
Ellos conocían sí la miseria y otros lastres, de una guerra que parecía no parar nunca. Por eso, la diáspora que sufrían y la discriminación eterna, hizo que siguiendo sus tradiciones más arraigadas, se negaran a disfrutar nietos, que como mis hermanos y yo, nacimos de una madre de familia entre atea y cristiana.
Según los recuerdos de papá, su madre cocinaba como en su país y el abuelo tenía gusto por las cosas ácidas, el pescado medio crudo, y unas galletas sin gusto que comían por costumbre. Tenían buenos vecinos, que suplantaron a los aduaneros en la adjudicación de los nombres de los hijos uruguayos, y mi padre fue favorecido con la nominación de Ismael. Cuidaban un terreno circundante a su vivienda, y con las plumas de los gansos que criaban, Leonor hacía abrigos para las camas de sus hijos. Nunca llegó a saber que una de sus bisnietas, aun conserva uno de esos acolchados, que calienta sus noches de invierno Montevideano. Además de las tareas de la casa, y el cuidado de sus diez niños, la abuela atendía a los animales. El padre, vendía frazadas a domicilio, con un socio de la colectividad judía, y cantaba en la Sinagoga de la ciudad, pensando tal vez, en su pueblo Húngaro. Pensaría en otra lengua tratando de criar a los hijos en un país lejano, intentando no perdieran lo único que él había traído, su voz, sus recuerdos y sus creencias.
Las historias que nos contaba mi padre vinculadas a su niñez, transmitían vivencias alegres. Y las que no lo eran tanto, quedaron en nuestra memoria, como divertidas anécdotas familiares. Las idas a la escuela en bote cuando Paysandú se hundía en el río Uruguay, y su casa quedaba casi toda sumergida, era en su relato, una aventura divertida, con detalles de juegos y mudanzas. Narraciones, que iba adaptando según nuestras edades, fuente de lo que aquí cuento, por lo que supongo, no todo corresponde a la realidad.
La canción del “Sabalero” dedicada a los pantalones cortos de niños pateando una pelota de trapo, aunque transcurre en otro departamento del país, lo identificaba plenamente con su infancia sanducera. Tiempos de pobreza, contados a través de lo divertido que fue ir a la escuela en Concepción. En esa ciudad Argentina, situada al otro lado del río Uruguay, tuvieron que afincarse un tiempo, por problemas económicos dejados en la orilla de enfrente.

A los doce años, siguiendo la ruta a la Capital, tomada antes por algunos de sus hermanos mayores, se despidió de su familia y su Paysandú natal, para iniciar la etapa liceal y laboral. Cambió lo pantalones cortos, por los largos, estrenando la adolescencia recién instalada. Nunca olvidó y siempre nos recordó, sus inicios de nadador en el río, el club de Remeros, la casa con la marca indeleble en la pared, del nivel del agua, que rememoraba las inundaciones.
El amor a sus padres, a los que imitaba hablando un mal yidddish, hizo que no sintiéramos rencor por abuelos que no quisieron conocernos. Regresaron a Europa tan pronto como pudieron, acompañados por sus dos hijos varones menores, y murieron en Israel, sin otorgarse ni darnos la posibilidad de quererlos.
Mi padre conoció, a pesar de su corta edad en esos tiempos, el sufrimiento que ellos padecieron durante el transcurso de la segunda guerra mundial.
Noticias que llegaban, y sobretodo las que no llegaban, eran causa de los llantos evitados frente a sus hijos, de Ignacio y Leonor.
La expresión triste de la cara de mis abuelos, que conservo en pocas fotos sepia y desteñidas, no coinciden con la representación que tenía de ellos con las casi fábulas que nos contaba mi padre. Mi abuela, cubierta con un pañuelo su cabeza, dirigiendo un barco pintado sobre la fotografía, con una tripulación de niñitos rubios, con rulos y ojos asustados, es una de las imágenes familiares que más pesar me producen.

Los parlantes en la calle principal de Paysandú anunciando a toda voz, el triunfo de las fuerzas aliadas, fue según papá uno de los primeros anuncios políticos que movilizaron sus sentimientos, relacionándolos con su historia familiar. Marina Weinberger

Marina: Carta a mi padre Preso


Carta a mi padre, preso injustamente por los sangrientos dictadores uruguayos, de 1976 a 1983.
Escrita en el 2002, siete años después de su muerte.

“Ese cinco de enero nos pediste le compráramos a mamá el disco de Paco Ibáñez que tiene “Palabras para Julia”. Cumplimos el encargo. En la siguiente visita a través de teléfono y vidrio, confirmabas y nos pedías detalles del cumpleaños.
A pesar de la pelada, del veintidós once en el frente y la espalda del uniforme gris , y de tantas otras cosas, llegabas con tu risa, tus gestos, tu orgullo irreducible de no fumador. La semana anterior a la visita en el penal, llenábamos el bolso de “plastillera” con lo permitido, mamá te ponía chocolate picado, creo que hasta en el jabón en polvo.
Su calor se incorporaba a las calorías. Siempre me impresionó su adicción a mandarte chocolate y nueces. Desde la época de las primeras visitas en el cuartel de la Paloma de tu querido barrio del Cerro, cuando arriesgaba mucho por una tableta. Pero era una cuestión de principios. Eso y conseguir las famosas pastillas de proteínas de pescado en la Facultad de Veterinaria.
Tus nietos siguen creciendo.
Ahora Elisa tiene veinte años. A través de ese vidrio con teléfono, que no separaba en las visitas, me diste a elegir entre ese nombre y otro. Estábamos seguros que venía la nena después de los dos varones. Lleva esa alegría que siempre le pintó la cara, y que ella pinta en lo que encuentra.
Inés también juega Pero tiene más miedo. Y nunca jugó en el patio de visitas del Penal.
Los ojos de los compañeros de cuarto año B son iguales a los de los hermanos grandes, pero tiene nueve años y no quiere mirar el informativo.
Joaquín heredó tu gusto por la natación. No nada en el río, ni en el club de Remeros de tu Paysandú natal, pero no hay mar que se le resista. Sus lágrimas deben estar ahí, porque en tierra las evita.
El día que Federico se casó te extrañé. Cuando se mudó, se llevó el escritorio, los libros, y una caja enorme con cosas y recortes que hablan de vos.
Veintiséis veranos antes, me casé con su padre y también te extrañé. Era chica y porfiada y por suerte me diste el permiso que necesitaba en el Registro Civil, cuando fuimos a anotarnos. Te llevaron de casa el día antes del casamiento en el que tu presencia, fue sentida por todos y fue incalculable la inmensidad de tu ausencia.
Mamá ya no busca pretextos para que la vuelvas a encontrar. Dice que no los necesita.
Ahora cuenta historias, y te sigue nombrando.

Marina Weinberger

Final y Comienzo de Año


Con este año que acaba, recibía un email, email con el que quiero finalizar mis entradas de año y dar continuidad a este email, recibiendo el año nuevo cargado de nuevos vientos de Memoria.
Un email que empezaba así:


"no sabia como hacerte llegar esto al blog. no sé si es un aporte pero me conmoviò lo que leì, y creo que la historia personal y colectiva es la constructora del futuro de nuestros hijos. Seguir confiando en todos esos seres humanos "en el buen sentido de la palabra, buenos" mantendrà la utopìa, la esperanza y defenderà la alegrìa. Desde Uruguay te saludo y felicito Marina
te paso una historia màs desde este paisito al sur.
"

Para mi no es una historia más, pues cada una de ellas, contribuye a ese futuro de memoria para las generaciones venideras, y que hay que dejar escritas o reflejadas, porque como le dijo Pablo Neruda a Marcos Ana las palabras se las lleva el viento, ese viento de Olvido, por eso todo lo que sea contribuir a recordar y traer el viento de la memoria para las generaciones venideras, es un privilegio y placer para mí. El poder aportar mi granito de arena, es mi forma de contribuir a sostener esa bandera de libertad. Gracias Marina por tu testimonio.
Para que sea más ameno de leer y emotivo, lo iré poniendo en diferentes entradas ya programadas, en días consecutivos, con las diferentes fotos que me enviaba esta mañana y que ella misma describía como destellos desde la Oscuridad. ¡Salud, Memoria y Libertad!

dar palabras, hijos , pensamientos
difícil saber cual
si suceden violencia y hambre
si esos son frutos de algunos
si al árbol que merece ser talado lo conocemos
la pregunta es saber cómo se reproduce
si se pueden decodificar las pesadillas
si son tumores y no frutos
respuestas en filosofía teología ideologías
pero tenemos el tiempo de una vida
y vamos caminando
desparramando lo que podemos ir juntando
y la caminata emociona
mientras somos clasificadores, hurgadores, plantadores
aprendiz de cirujano de dolores.


el periodista. mi padre.

marina weinberger

Mañana comenzará este testimonio con una carta de Marina a su padre preso y una foto de una carta de su padre.

EL ALCALDE FUGITIVO


Un documental narra la vida de un político republicano, hermano de falangista y fusilado tras dos años oculto.
El País/LORENA BUSTABAD - Ferrol - 04/12/2009

Hijo de un médico, hermano de un falangista, esposo ausente, republicano convencido y alcalde combativo, fue perseguido hasta la muerte y sepultado en una playa de Valdoviño donde nunca fue hallado. Descubierta por casualidad detrás de un viejo mueble donde permaneció oculta durante décadas, la historia de Alejandro Porto Leis, el último alcalde republicano de Serantes (Ferrol), ha dejado de ser un secreto. Y con él, las vidas de Modesto del Río, Xesús Miño y Avelino Landeira, los tres amigos que lo protegieron durante dos años de huidas y silencios. Los cuatro fueron fusilados sobre la arena de A Frouxeira el 2 de febrero de 1938. Cuentan sus descendientes que los falangistas buscaron "un castigo ejemplar", ya que así consta en la causa.

O segredo da Frouxeira, el documental de Xosé Abad que se estrenó ayer en el teatro Jofre, revive la historia de los Porto Leis, dos hermanos enfrentados por la Guerra Civil, cuyas familias acaban de reencontrarse salvando el rencor que las distanció durante los últimos 70 años.Esta coproducción de EAF Produccións y TVG, repasa la vida de Alejandro, Modesto, Xesús y Avelino y las irreparables consecuencias que una guerra fraticida causó a las cuatro familias que heredaron su tragedia.

Paulino Gasalla, casado con una sobrina-nieta de los Porto Leis, se topó hace cuatro años con un pequeño paquete de documentos y recortes que el último alcalde de Serantes ocultó tras el alzamiento franquista del 36 detrás de un aparador en casa de su suegra. Su minuciosa investigación de aquellos hechos sirve de hilo conductor a esta producción que revive la azarosa vida de Alejandro Porto Leis (Serantes, 1887), y de su hermano Eliseo, hijos del galeno del pueblo y enfrentados políticamente desde la juventud.

Con 13 años, Alejandro se embarcó a Cuba junto a una tía y de allí saltó a Estado Unidos, desde donde fue deportado "dicen que por enfrentarse al Ku Klux Klan", relata Gasalla. Se estableció en Serantes como electricista del astillero de Bazán mientras se comprometía con la causa republicana a través del ORGA (Organización Republicana Galega Autónoma). Las elecciones del 31 lo auparon a la alcaldía de Serantes, un municipio indepediente que fue anexionado a Ferrol en 1941. Se casó con Gloria Santos y poco después fue detenido y condenado por rebelión militar en plena II República a cuenta de un revólver que guardaba en su casa. El Frente Popular lo amnistió pero en julio del 36, Alejandro Porto Leis se echó al monte. Pasó casi dos años durmiendo al raso, en un zulo de Santa Marina o en cuevas de Cobas y San Xurxo, auxiliado por la red protectora que tejieron sus tres amigos. Estaba enfermo, buscó la ayuda de un médico y éste lo denunció.

El fotografo y director, Xosé Abad, dedicó año y medio a tejer el relato "de unos hechos traumáticos para cuatro familias que no se conocían" a fin de construir "una historia de enorme dignidad" sin "ningún ánimo de venganza". La cinta muestra los aspectos más sucios de los "paseos" falangistas entre amenazas y calumnias, como el saqueo de las propiedades de los represaliados a través de la historia de Modesto del Río, un patrón de pesca al que confiscaron sus propiedades.

Con ayudas de la Xunta y del Ministerio de Cultura, O Segredo da Frouxeira implicó a los ayuntamientos de Ferrol y A Coruña y a la Diputación. La Fundación 10 de Marzo, la Asociación Memoria Democrática y la entidad cultural Fuco Buxán contribuyeron a la reconstrucción. A los familiares de las víctimas, conmovidos con una historia que no todos conocían, les queda un último cabo por atar: localizar la fosa en la que fueron sepultados. El historiador Enrique Barrera rastreó sin éxito el inmenso arenal de Valdoviño. "De esa playa se sacaron millones de toneladas de arena y se dice que en algún camión iban los huesos", concluye Gasalla.

Electricista y poeta
- Versos en gallego y castellano. Alejandro Porto Leis era electricista y un hombre cultivado. En 1933, tres años antes de estallar la Guerra Civil, escribió un libro de poemas titulado Intemperancias poéticas

Homenaje a mi abuela Modesta


Homenaje a mi abuela Modesta
9 de Octubre de 2009


Elige una mesa solitaria y se sienta en la terraza de la cafetería, frente al ayuntamiento en el que sesenta y cuatro años antes fue detenido su abuelo. Es un día soleado y en la plaza varios peregrinos miran mapas, sacan sus pies de las botas para relajarlos, detienen sus bicicletas para tomar un respiro o intentan localizar las flechas amarillas que les indican por dónde deben seguir su camino. Remueve distraído el café con leche y repasa las anotaciones de su cuaderno; en los márgenes apunta correcciones, ideas o comentarios. Alza la vista y observa la puerta a la que un día se acercó su padre para llevarle al abuelo detenido algo de comida y una muda limpia. Imagina al guardia que al principio ignora conscientemente a aquel muchacho que le mira con los ojos asustados y después le dice sonriendo, a ese niño angustiado al que le faltan dos días para cumplir diez años, que el padre al que quiere visitar ha escapado por una ventana, que ya no está ahí. En ese momento es capaz de sentir cómo a su padre se le evapora la infancia, se le apaga el mundo, se le paraliza el corazón y la angustia le recorre el cuerpo de los pies a la cabeza, antes de llegar resoplando a casa para decirle a la madre que padre se ha fugado, que según le dicen saltó por una ventana y no saben nada de él.

La imagen de su abuela gritando, desesperada, asustada, incapaz de recoger los añicos de su biografía rota, herida de la manera más profunda, se instala en su cabeza. La ve tirando cualquier cosa que tuviera en ese momento en la mano, soltando el delantal como si quedara suspendido en el aire al tiempo que sale corriendo hacia el ayuntamiento, desbocada, poseída por un temor sin límites, por un dolor infinito, por la terrible sensación de que algo fundamental se ha desprendido de su vida para siempre. Apenas respira hasta que llega a la plaza e interroga al falangista que vigila la puerta. El hombre le recrimina pero la angustia la incapacita para controlarse y grita que quiere que le digan dónde está su marido, que quiere saber qué le han hecho. Al tiempo le sujeta los brazos al hombre que vigila la entrada, se los agita, como si tratara de acelerar la respuesta para despejar una décima de segundo antes esa duda terrible, esa nube de plomo que acaba de derramarse sobre su horizonte. El guardián la empuja, se separa de ella y esta vez se ahorra la sonrisa para decirle que su marido no está allí, que él no ha hecho el turno de noche pero cree que se escapó. Y entonces ella, convertida en un inmenso lamento trata de entrar, de ver que ya no está, y el guardia la sujeta, mientras ella patalea, araña, lucha. Quiere recorrer cada rincón de aquel edificio, quiere oler las baldosas, la reja de la celda donde su marido ha estado detenido, el catre donde ha dormido, respirar el último aire con el que él ha llenado sus pulmones, comprobar que no le mienten y quizá no quieren que lo vea torturado, golpeado, amoratado. Pero entonces otros dos hombres salen a su encuentro y la sujetan y le dicen que no tiene nada que buscar, que a su marido lo llevaron de paseo.

La mujer sigue luchando, batallando; intenta esquivar lo inevitable, hasta que un grito sale de su garganta, un grito que nunca más volverá a repetir, un grito que asusta y paraliza el aire, lo tiñe, lo oscurece; que detiene a todos los que en ese momento atraviesan la plaza, que estremece a quienes saben exactamente lo que significa, que congela las lágrimas de sus hijos, que la han seguido hasta allí asustados porque presienten que se les evapora la infancia y no identifican exactamente por qué, hasta que aquella palabra, aquel polisílabo con el que su madre enuncia una verdad que deja de existir en ese mismo instante: “¡Asesinos!”.

La garganta de la madre lanza aquel estallido como una inmensa ola que derrumba el silencio que en las últimas semanas el pueblo ha construido para vivir como si aquellos crímenes no estuvieran ocurriendo, como si los camiones que de noche salen cargados después del toque de queda no fueran a ninguna parte, como si las mujeres a las que no se les permite vestir de luto no se mordieran los labios para sujetar su llanto, como si nadie viera a los niños con la mirada perdida que de un día para otro abandonan la escuela para ir a trabajar, como si no hubiera familias que un día recogen sus pocas pertenencias y abandonan el pueblo porque lo que hasta ese día era suyo ha dejado de pertenecerles.


(Del libro que estoy escribiendo: Agujeros en la niebla)
Emilio Silva

Homenaje: Román González Canella


Que mejor forma de empezar este nuevo mes, que rindiendo un merecido homenaje a una de esas victimas anónimas del franquismo, a la cual nuestro recuerdo y memoria no dejará que muera una segunda vez por ese olvido, que su hija Haydée me expresa en el relato de su historia, donde al final del email me dice:

Saiza: Quita y pon lo que tú quieras
!Con que aparezca la foto y su nombre ... siento que resucita y está reivindicado.Gracias en su nombre y en el mío. Abrazos.!!!!


No Haydée, gracias a ti por escogerme para tan bonito recuerdo, pues para mi es un autentico placer y orgullo colaborar a rendir este emotivo homenaje, es muy gratificante que con tan pequeño detalle, te sientas agradecida.
Por supuesto que no quito nada, pues es tu homenaje, yo solo soy quien lo emite.
Un forte abrazo amiga. ¡Salud, Memoria y Libertad!

Había nacido en Asturias.
Luchó en el frente republicano.
Fue un mutilado de guerra .Una bala le destrozó el maxilar.
Sobrevivió.
Se llamaba Román González Canella.
También sobrevivió al Campo de Concentración de Prisioneros de Guerra de Rianxo( Rianjo).Cuando salió estaba físicamente destruído.
Aún así subía de noche a los montes , evadiendo a la guardia civil , llevando a los fugados alimento , tabaco , abrigo.
En el año 1951 emigró a Argentina.No le quedó más remedio.Las presiones eran muchas . El exilio : la única alternativa.
Murió a los pocos años . Lejos de su tierra.
Antes de la muerte del caudillo que tanto mal sembró en España.
Fiel a sus convicciones y principios.





Escribía en una libreta , con bella caligrafía poemas de Miguel Hernández , de Alberti , de Marcos Ana.
Traía siempre en los bolsillos de su gabardina libros y el infaltable periódico : "Asturias Republicana".
Por su accionar coherente , porque luchó por mejorar las condiciones sociales de su época , por su compromiso con la verdad , la justicia y la dignidad del pueblo.
Necesito que su recuerdo no se desvanezca....
Que quede fijado en la Memoria histórica .
Siento que el olvido es su segunda muerte.
Era mi padre.
Haydée.

Balada de Otoño


Me apetece recordar un poema de mi entrañable Don Ramón y dar la bienvenida al otoño con esta balada de Serrat, canción que ha vuelto a mi recuerdo, gracias a mi querida amiga Eva. Un abrazo a todos.

Mi poema...
Mi poema está ahí
entre millones de poemas
que andan dispersos en el mundo
son tantos los poemas
como son tantas
las hojas doradas en el otoño
pero de pronto
por algún motivo o sin ningún motivo
tu mirada se detiene en él
y mi poema se ilumina
tus ojos lo observan
y mi poema hasta parece hermoso
tus ojos lo leen
y mi poema se siente brillar
como una estrella
luego mientras tú sigues tu camino
llevando sin darte cuenta
algo de ese brillo que se va apagando
mi corazón te grita agradecido
GRAACIAAS

Don Ramón de Almagro


ANA MARIA MATUTE Y MARCOS ANA


En abril de 2009 Adrián se fue a la costa catalana a disfrutar unos días de vacaciones por Mundo Sénior…, bueno, sin eufemismos, por el INSERSO, y dejó aparcado el artículo que debía suceder al anterior: ELLI BELOYANIS.

En el segundo día, por una cadena catalana de Tv asistió como espectador a una entrevista atípica: Ana María Matute entrevistada en catalán… pero ella contestando en un perfecto castellano. Fue una entrevista deliciosa, con una Ana María de 82 años (esta fue la edad que se dijo en la entrevista, pero lo cierto es que nació en 1926 por lo tanto eran 83 años) juvenil, frente a un entrevistador mayor de no más de 25 años. Ana María, después de sortear preguntas incómodas, como aquella en que se le recordaba la concesión de LA CRUZ DE SAN JORDI, creo que era, siendo catalana pero escribiendo en castellano, e incidiendo el entrevistador en que sin embargo se le negaba el CEVANTES escribiendo en castellano, siendo catalana…. salió airosa de esta… ¿encerrona?, y llevó a su terreno al entrevistador, haciendo reflexiones tales como: “…en la vida hay algo que jamás se pierde: la infancia y la juventud, pues seguimos poseyendo ambas hasta la ancianidad, porque están aquí y no aquí (señala la cabeza y la piel) y yo creo, continúa, hasta después de la muerte….

Fue en ese momento cuando a Adrián se le removieron los recuerdos de juventud y volvió sobre el último párrafo del artículo anterior: “Colocando los folios de nuevo en su sitio, tuvo la tentación de encender el ordenador para acudir a Internet en busca de noticias de Elli Beloyanis y de Marcos Ana, pero ya era muy tarde y el día había sido muy intenso, lo dejaría para otro momento. “

Finalizada la entrevista, bajó al hall del Hotel, echó una moneda en la ranura del ordenador y a través de Google buceó en busca de Elli Beloyanis… El resultado… desesperanzador, ni rastro.

Desistió, pues disfrutaba de un breve periodo de vacaciones con su esposa y no era cuestión de alimentar con monedas a un ordenador tragón, un euro cada 10 minutos, lo dejaría para la vuelta a casa con tarifa plana.

Al regreso traía esa búsqueda pendiente, pero nada… ni rastro de Elli Beloyanis. Ya era amor propio, buscó Marcos Ana, y Google Le respondió generosamente con mil y una páginas, deteniéndose en las que más le interesaban: “…Marcos Ana el día 7 de Octubre presentará su libro DECIDME COMO ES UN ARBOL… Era todo un hallazgo, pues seguramente que en ese libro estaría todo lo que deseaba saber de Elli Beloyanis.

La “juventud” a la que se refería Ana María Matutes le impelía salir corriendo en busca del libro, pero la “piel” lo encaminaba reposadamente, sin grandes esfuerzos. El libro existía como edición de 2007 y las 379 páginas las devoró en no demasiado tiempo.

Antes de terminar, ya había intuido que el artículo sobre Marcos Ana iba a dar más de sí que para un título, pero sobre todo le invitaba a no hablar ni a comentar el libro, sino a invitar a leer el libro, pues estaba seguro que para cualquier lector este libro será un gran hallazgo literario e histórico, sin más, sin apellidos, y para todos: DECIDME COMO ES UN ÁRBOL (Memoria de la prisión y la vida.)

Todo había tenido inicio con Elli Beloyanis, así que en la página 101 Adrián se detuvo y pensó que sus dos cuartillas en papel biblia, conservadas por más de cuarenta años no eran una quimera, cuando leyó: “Ahora tengo en mis manos un emotivo poema de la viuda de Beloyanis, cuyo esposo fue torturado y vilmente asesinado, y que ella me envió desde su prisión de Grecia… “

Cuando finalizó la página 379, cerró el libro y leyó pausadamente el poema de la tapa que cierra el libro:

Si salgo un día a la vida

mi casa no tendrá llaves:

siempre abierta, como el mar,

el sol y el aire.”

Que entren la noche y el día,

y la lluvia azul, la tarde,

el rojo pan de la aurora;

La luna, mi dulce amante.

Que la amistad no detenga

sus pasos en mis umbrales,

ni la golondrina el vuelo,

ni el amor sus labios. Nadie.

Mi casa y mi corazón

nunca cerrados: que pasen

los pájaros, los amigos,

el sol y el aire.

Al finalizar el poema su vista se posó en una firma que le traía hondos recuerdos, el día que Marcos Ana le firmó un autógrafo… levantó la vista y meditó esbozando una sonrisa: ¡Anda, yo con 18 años cazaba autógrafos de presos-poetas, en vez de roqueros famosos de los sesenta! La imagen de esta firma le llevó de inmediato al trastero, como aquel día en que las nietas le hicieron subir a por la vieja Olivetti, para buscar este autógrafo en el augusto diario de juventud… diario que existía, porque lo recordaba entre un montón de libros y recuerdos.

La página del autógrafo en el diario venía pegada con otra, lo mismo que otras hojas comprometedoras, como ya se explicó en el artículo de Elli Beloyanis, para pasar la aduana sin problemas, tal y como se puede comprobar en el borde derecho.
Mientras regresaba con el diario entre las manos, sacudiendo el polvo, meditaba en las palabras de Ana María Matute respecto a la juventud, y a ellas añadió mentalmente su propio “filosofar”: “…los diarios existen porque cuando jóvenes creemos que la juventud desaparece con los años, llevándose los recuerdos, y no es cierto, sino ¿por qué le salían a él todas esas batallitas que venía plasmando en CUENTOS DEL ABUELO para sus nietas?

Con el libro “DECIDME COMO ES UN ARBOL” (memoria de la prisión y la vida) en un lado del escritorio y en el otro el diario de juventud, Adrián fue comprobando punto por punto como se desarrollaron los acontecimientos entorno al recibimiento de Marcos Ana en Montevideo a finales de Agosto de 1963, y no hubo sorpresas, lo relatado en el libro y lo escrito por él en el diario, coincidían, aunque lógicamente bajo dos perspectivas, y para esta comprobación Adrián tomó papel y boli y fue extractando su diario en sucesivas notas, que posiblemente le sirvan para algún artículo próximo.

Nota:
“La infancia y la juventud nunca se pierden, está aquí (en la mente) y no aquí (en la piel)”, dice Ana María Matute. Marcos Ana las ha perdido en la cárcel, pero también las siente aquí (en la mente) y no aquí (en la piel), pese a sus 89 años.
Ha sido un placer encontrar las historias del Abuelo y en concreto este relato, poco más puedo añadir. Gracias a Eva por descubrirme esta página. Un beso

También puedes escribirle a Don Ramón para que te lo envíe a otro país, seguro que te encanta su librito de Poemas, él te lo agradecerá. donramon@sinectis.com.ar

NIÑOS ROBADOS

El Rincón de las Miradas

Hola a todos, bienvenidos al Rincón de la Memoria, ¿el porque de ese nombre?, porque para mi es muy importante "No Olvidar", recordar mis raíces, los amigos, las risas, los sueños, las tristezas….recordar cada instante, y no olvidar nunca mis recuerdos.

Un blog de recuerdos de grandes personas e historias, que no deben borrarse de la historia, ni de nuestra Memoria. Un Sitio de encuentros, donde el Olvido y el silencio no tienen la puerta abierta.

Este Blog lo he creado pensando especialmente en dos grandes personas, las cuales admiro muchísimo, son mi buen Amigo Don Ramón de Almagro y Marcos Ana (al cual descubrí un poco más gracias a Don Ramón), Con todo mi cariño hacia ellos.

Y gracias a este Rincón tengo que añadir una extensa lista de amigos entrañables que nunca olvidaré...Andrés Iniesta, Germán, Eva, Carmina, Rafa, kebran y un largo ect.
¡GRACIAS A TODOS!


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